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El Malpensante

Arte

Las trampas del trópico

Un retrato de Ethel Gilmour

Durante cuatro décadas, la vida y la pintura de Ethel Gilmour echaron hondas raíces en suelo Colombiano. Un íntimo retrato de la muy paisa artista gringa, fallecida en 2008.

Fotografía de Carlos Tobón

 

Tres años antes de venir a Colombia y ver los colores del país como una verdad revelada que cambiaría del todo su vocación de pintora, Ethel Gilmour estaba alojada en un cuarto de alquiler en París. Trataba de ganar algunos francos exhibiendo sus pinturas en la vía, como tantos otros, mientras tomaba algún curso en la Sorbona. Las dos cosas eran difíciles entonces. Modigliani nunca pudo vivir allí del arte. Y estudiar era apenas un decir por los tiempos que corrían. Los salones de la academia parecían hormigueros de jóvenes airados que querían cambiar el mundo de una vez por todas, y sin más armas que su imaginación.  

Ethel probó suerte como modelo de Christian Dior, confiada en su figura torneada por los bailes y la natación que había practicado desde niña en los montes Apalaches. No fue contratada por el modisto y entonces debió cuidar niños por horas. Unos meses después se unió a un grupo de estudiantes que iban en un tren para Moscú.            

Con Matsumi, una joven japonesa compañera de pensión, surcaba las noches blancas de las estepas, entre las aduanas extremas de la guerra fría y al calor de las discusiones políticas que se encendían en el viaje. En la búsqueda de una litera libre para descansar, las dos amigas entraron a un vagón y se encontraron con un par de colombianos.

Ethel cruzó alguna frase con Jorge Uribe en el francés escolar que ambos practicaban. Por los ademanes elegantes, él pensó que ella era inglesa; luego supo que se trataba de una gringa del sur, que venía de Charlotte, aunque había nacido por azar en Cleveland, Ohio, el 29 de febrero de 1940, un año bisiesto, junto con David, su hermano gemelo.

Como era poco lo que podían decirse en la lengua de Flaubert, fue cobrando fuerza otra lengua, la del amor. Y antes de que vieran la Plaza Roja todo iba a pedir de boca.

Sin darse cuenta ya eran novios cuando regresaron y París era una gresca. Las manifestaciones contra la guerra de Vietnam detonaron en la cabeza del presidente De Gaulle, que ordenó el cierre de la Universidad de Nanterre. La policía entró a la Sorbona e incendió parte de la biblioteca. Ethel y Jorge deambu...

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