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El Malpensante

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Libros de cocina

Dossier: Feria mexicana

Las recetas de los libros de cocina son una evidencia más de la imaginación que caracteriza al hombre. Los sabores nos ponen a pensar, nos invitan a mezclar y a inventar la creación perfecta.

Las abuelas tenían recetarios, y con ese nombre tan al grano se puede pensar que eran libros sencillos que servían para resolver con éxito el menú del día.

Puestos al lado de los resplandecientes libros de cocina actuales, que nos llegan atiborrados de fotografías a todo color, y a un precio cada uno que antes alcanzaba para adquirir las obras completas de A. J. Cronin, ciertamente resultan austeros: un título (Las mejores recetas de las señoritas Pereyra), un índice (“Frijoles caldudos de doña Chon”, “Frijoles Escoffier”) y un manejo muy libre de la técnica (“poner suficiente frijol a cocer en bastante agua hasta que esté listo”). Nada de fotos, nada de ensayos de etnobiología sobre la cultura del frijol: son, en apariencia, tratados prácticos.

Pero la verdad es que ningún libro que hable de comida es práctico. Práctico es comer pan y cebolla tres veces al día, que con eso se sobrevive sin problemas de peso y con la digestión intacta. Hablar de comida, en cambio, y escribir de ella, así sea para loar las duras virtudes de la vida macrobiótica, es entrar de cabeza y sin remedio al más desbordado ámbito de la fantasía: si como arroz integral con algas marinas hasta que llore de aburrimiento y de tristeza, liberaré mi cuerpo de pecado como los sabios orientales y no moriré jamás.

Todo en la cocina es delirio. Tal vez el sexo inspire tantas meditaciones calenturientas como los guisados, pero no lo creo. Como prueba exhibo un recetario que se vendió mucho en tiempos de mi abuelita. Por sobre todas las cosas, se pretendía sensato, pero el título en sí, Marichu va a la cocina y recibe con distinción, ya es una novela, y eso antes de que nos adentremos en los resquicios y escondrijos del texto, donde aparecen, refulgentes como en sueño, los consejos para poner la mesa:

Para vajilla de cristal azul.

“Media Noche”. Mantel de malla drapeado crema. Centro y compoteras, con uvas de tono azuloso. Candelabros de plata con velas azules, al tono de la vajilla.

Da cierto pudor leer el índice de recetas, tan transparentes e intensas resultan las ambiciones de la autora, y tan provinciana ella: Huevos Samoa (con coco rallado y espinacas); Huevos Singapore (con polvo de curry); Huevos Hotel Plaza (con mayonesa); Huachinango a la Kraft (con eso mismo); bebidas míticas o cosmopolitas a morir, como el coctel “Adonis”, el “Aviación” y el “Radio”, y un “E...

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Alma Guillermoprieto

Es frecuente colaboradora de 'The New Yorker' y 'The New York Review of Books'. Entre sus libros se encuentra 'Looking for History: Dispatches from Latin America' (2002)

Julio de 2003
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Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

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3

Taller Malpensante de Escritura

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4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

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3

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