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El Malpensante

Filosofía

Fenomenología de la feúra

Traducción de Margarita Valencia

¿Cuáles pueden ser las consecuencias filosóficas de ir a la peluquería? ¿Un mal corte nos puede sumir en perplejidades metafísicas? Lector: siéntate y considera.

Ilustración de Javier Olivares

 

Todo empezó el día en que Luigi me cortó el pelo. Parecía un profesor loco –específicamente Doc en Regreso al futuro–, así que Luigi tomó las tijeras y trató de recomponerme. Sin embargo –y eso fue exactamente lo que se me ocurrió cuando inspeccioné el corte al otro día en el espejo del baño– no acabó de cortar todo lo que había que cortar. El estilo había mejorado mucho, eso es innegable, pero quedaba un flequillo desordenado que empezaba a irritarme. Y afuera hacía calor. De modo que saqué el accesorio para cortar el pelo que viene con la maquinilla de afeitar y di unos cuantos hachazos aquí y allá. Cuando finalmente salí al mundo exterior parecía, y ése fue el consenso general, un espantapájaros de muy mala reputación. Al final fui a otra barbería (no me atreví a mostrarle a Luigi mi obra) e hice que lo esquilaran todo. Ahora parezco un cruce de Britney Spears con Michel Foucault.

En resumen, fue uno de esos días –todos los tenemos– en los que no hay manera de que el pelo se vea bien. No voy a extenderme en el estudio folicular de la filosofía occidental (el bigote de Nietzsche, tan voluntad-de-poder-eterno-retorno, las barbas de Marx, muy trabajadores del mundo uníos), pero es necesario decir que un corte de pelo puede tener importantes consecuencias filosóficas. Jean-Paul Sartre, el pensador existencialista francés, tuvo una experiencia con la tonsura particularmente traumática a los siete años de edad. Hasta ese momento su carrera como seductor de multitudes había sido deslumbrante. Todo el mundo se refería al joven Polou como “el ángel”. Su madre había cultivado con esmero un halo exuberante de rizos rubios. Pero al abuelo se le metió en la cabeza un día que Polou parecía una niña, así que esperó a que la madre saliera e invitó al niño a un paseo prometiéndole una sorpresa. La sorpresa resultó ser la barbería. Polou estaba ansioso por mostrarle a su madre su nueva apariencia, pero apenas ésta entró por la puerta y lo vio, salió corriendo escaleras arriba y se arroj&oac...

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Comentarios a esta entrada

María Fernanda Quintero Alzate

Divertido y curioso.

Su comentario

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