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El Malpensante

Perfil

La Société Anonyme des Lesbiennes

En los años cincuenta, la conmoción que era capaz de suscitar Susan Sontag poco tenía que ver con sus brillantes ideas. Brutalmente hermosa y adolescente, se encontró con H, otra enfant terrible. El testimonio de su largo y atropellado romance desnuda dos frenéticas vidas de mediados del siglo XX.

Susan sontag en un retrato de 1960 © Paul Popper • Popperphotos • corbis

 

El olor, lo primero fue su olor.

En ese momento yo trabajaba en una oficina que maneja el IRP, Instituto de Profesionales Retirados, en la universidad The New School, en Manhattan. A este programa asisten unos trescientos estudiantes que tienen entre sesenta y noventa años de edad. Así conocí a un montón de personajes interesantes. Había editores, enfermeras, historiadores, escultores, escritores, psiquiatras, maestras, millonarios, publicistas, amas de casa, pintores, trabajadoras sociales, borrachos, fotógrafos... Pensé que lo había visto todo, y entonces conocí a H.

Yo estaba sentada en mi escritorio redactando una carta y me desconcentró un perfume muy fuerte, un olor penetrante, pesado, grasoso, imposible de ignorar. No era que oliera mal, era que olía mucho (más tarde supe que se trataba del Giorgio Beverly Hills). En la oficina solo estábamos mi jefe y yo, así que me paré de la silla y me asomé al corredor a ver quién era. Vi a una mujer muy alta, de aproximadamente ochenta años, que caminaba arqueada hacia adelante, con un bastón y casi apoyándose contra la pared mientras avanzaba. Me llamó la atención su pelo blanco, largo hasta los codos, con capul, y el hecho de que a pesar de tener generosos pechos era evidente que no usaba brasier. Más tarde se la describí a mi jefe porque me intrigaba muchísimo. Él me contó que H había sido modelo de desnudos para estudiantes de arte, y que muchos años después, en 2003, usaría uno de sus retratos desnudos en la carátula de su libro Notes of a Nude Model & Other Pieces. También supe que a principios de los años cincuenta, mientras vivía en París, tradujo la primera versión expurgada de Justine o los infortunios de la virtud del marqués de Sade. Y como si sus desnudos y el marqués no fueran suficientes motivos para querer conocerla, mi jefe agregó que a principios de los años sesenta, mientras H trabajaba como editora asistente para su compañero Bill Ward en Provincetown Review, publicaron la historia “Tralalá” del escritor Hubert Selby Jr., donde se describe la violación en grupo a una prostituta. El relato...

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Virginia Mayer

Es hija de padre uruguayo y madre colombiano. Escribe actualmente una columna en la revista 'Kien&Ke'.

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