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El Malpensante

Artículo

Sed de sangre

Un ensayo contra la fascinación académica por el "otro"

Traducción de Juan Gabriel Gómez Arabello

Mientras los teóricos sociales se regodean con la idea del "otro", pueblos enteros siguen matándose en conflictos internos. Cuando lo extraño y lo desconocido no sirven como explicación, ¿dónde buscar la raíz de la violencia?

Un momento de tregua entre sunitas y chiítas

 

El libro de Edward Said, Orientalismo, publicado en 1978, comienza con una descripción de la ininterrumpida Guerra Civil en El Líbano –acerca de la cual su hermana Jean Said Makdisi escribió luego un elocuente reporte autobiográfico, Fragmentos de Beirut–. Según Said, sin embargo, esa guerra únicamente sirvió para resaltar la manera como Occidente se imaginaba el Oriente. Su libro, bastante citado y bastante celebrado, analizó las grietas entre Occidente y Oriente, no las grietas entre Oriente y Oriente. “El orientalismo es en última instancia una visión política de la realidad cuya estructura promovió la diferencia entre lo familiar (Europa, Occidente, ‘nosotros’) y lo extraño (Oriente, el Este, ‘ellos’)” escribió Said.

Mil, quizá diez mil académicos le siguieron y han escrito cómo “nosotros” hemos construido al “otro” o al extraño. Desde luego, se necesitaban pocos incentivos. Los académicos están encantados con el “otro” y con las vaguedades de cómo representamos lo extranjero. Por su misma profesión, los antropólogos son visitantes que vienen desde lejos. Somos personas de fuera, escribe un antropólogo, “que buscamos entender culturas que no nos son familiares”. Los humanistas y los teóricos sociales se han enamorado del “otro”. Una publicación reciente de la crítica literaria Toril Moi se titula “Literatura, filosofía y la cuestión del Otro”. En un número reciente de Signos, un filósofo escribe acerca de “Los sueños de Occidente: el orientalismo y la historia en El segundo sexo”.

El idilio con el “otro”, el Oriente y el extraño, sin embargo, distrae la atención de algo menos sexy: lo familiar. Para aquellos preocupados con el conflicto y la violencia en el mundo, como Said, lo último puede ser, de hecho, mucho más crucial que lo extraño y lo extranjero. Si la Guerra Civil en El Líbano, que duró quince años, puede resaltar algo acerca de la forma como Occidente representa el Oriente, también puede poner en primer plano una verdad olvidada: los antagonismos y malentendidos...

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Es profesor residente en el Departamento de Historia de la Universidad de California, Los Ángeles.

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