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El Malpensante

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Panfleto contra el populismo cultural

En julio de este año el Centro Nacional de Consultoría, por encargo del Ministerio de Cultura, hizo una encuesta nacional en la que, mediante muestra aleatoria, se les hicieron a 1.090 ciudadanos algunas preguntas sobre sus hábitos culturales y sobre otros asuntos relacionados con opiniones y prácticas cotidianas. 

 Los periódicos reseñaron los resultados de esta encuesta tal como, al parecer, quisieron ser presentados: se anunció la “costeñización” de la cultura colombiana, gracias a la marcada predilección de los colombianos por el baile, el vallenato, la barranquillera Shakira, los samarios Carlos Vives y Carlos Valderrama, el caribeño Gabriel García Márquez y el cartagenero Reinado Nacional de la Belleza. Hubo bastante ruido y mucha confusión ya que, entre los personajes de cultura más admirados por los encuestados aparecía, por ejemplo, el piloto Juan Pablo Montoya antes que el pintor Fernando Botero. Si éste era el resultado, ¿qué concepto de cultura había entonces detrás de las preguntas? El Ministerio de Cultura les solicitó a algunas personas, entre las que me cuento, que propusiéramos una interpretación de los datos encontrados. Las siguientes son algunas de las reflexiones que se me ocurrieron después de analizar la encuesta del Ministerio.

Si tomamos el término “cultura” en su más amplia acepción antropológica, llegamos a una especie de círculo vicioso muy parecido a la tautología: cultura es todo aquello que producen los seres humanos y los seres humanos son esos entes biológicos que producen cultura. Una definición así es muy poco útil para los objetivos de una institución gubernamental (el Ministerio de Cultura), pues en tal caso tal entidad tendría que ocuparse de toda la realidad material y mental producida por los seres humanos dentro de cierto territorio. Cuando la idea de “cultura” es tan abierta que está dispuesta a acoger todo lo que no sea “natura”, se llega ineluctablemente a algunos callejones sin salida. Llega un momento en que es ineludible que aquel que toma decisiones de gobierno deba definir qué tipo de manifestaciones culturales apoyará, cuáles combatirá, y cuáles dejará intocadas (o en manos de otras instancias gobernativas).

Obviamente la pavimentación de las calles es un fenómeno cultural, y también el funcionamiento de la banca, el cultivo del maíz, la recolección de la hoja de...

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