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El Malpensante

Arte

El maestro trabaja

Traducción de Andrés Hoyos

Lucian Freud murió el pasado 20 de julio. Este recorrido por la retrospectiva exhibida en una pequeña galería de Londres, en 2004, revela la intensidad de la obra del pintor inglés.

© Cortesía Galería Leandro Navarro

 Si uno quisiera una demostración perfecta de lo bueno que puede llegar a ser el arte contemporáneo y de lo espantoso y pendejo que también puede ser, ningún lugar sería mejor que Londres por estos días. En un extremo está “New Blood” [“Sangre nueva”], la exposición de la galería Saatchi, cuyo título de sabor vampiresco anuncia la presencia de una masa de novedades, casi todas ellas testimonio vívido (con excepción de unos cuantos cuadros firmados por la sólida y eternamente talentosa Paula Rego) de la medida en que el marchante y promotor dueño del lugar no tiene ni la menor idea de lo que exhibe.

En el extremo opuesto está una pequeña galería dentro de la Colección Wallace, que ha cedido su espacio temporalmente para exponer la obra reciente, por ahí de los últimos dos años, del pintor inglés Lucian Freud. A sus 81 años, Freud es infinitamente más joven que toda esa basura instalada al otro lado del Támesis: más joven que el tiburón de Damien Hirst, sumergido y pudriéndose lentamente en un tanque turbio de formol; más extraño que la Vermin Death Star [“Estrella de las sabandijas mortales”] de David Falconer, compuesta por miles de ratas en metal fundido; y por lo menos cien veces más sexy que el cansado ícono de la domesticidad promiscua, la muy publicitada cama de Tracey Emin. La obra de Freud es supremamente fuerte, hasta despiadada, pero no se libra a la fácil simulación emocional que es del gusto institucional del publicista, ni al cinismo mimado o al sensacionalismo simplista que está por todas partes en la Colección Saatchi.

De hecho, Saatchi alguna vez fue dueño de varios cuadros de Freud, algunos de excepcional calidad, pero luego los vendió; tal vez, al final, eran demasiado adultos para él. O tal vez, a la hora de la verdad, el hombre es apenas un marchante del montón, no demasiado brillante, que ni tiene ni se ha ganado el derecho a imponer un gusto en el territorio del modernismo tardío. Su ejercicio de mitificación ha sido apenas una carrera en un callejón sin salida. “New...

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