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El Malpensante

Correo

Primera defensa y Segunda defensa

Los lectores critican, exhortan, aplauden, censuran

Primera defensa

Pues yo si voy a defender a El Malpensante de los ataques de Gardeazábal (así se le conoce a él en los medios artísticos y políticos). Una cosa es que la imagen de los directivos de El Malpensante sea la prepotencia, la soberbia, la de “aquí la torre de marfil y abajo los vasallos”, la de creerse los herederos del Grupo de Bloomsbury (de todo esto, claro, la revista no tiene la culpa). Y otra es, como hace Gardeazábal, tildarla de aburrida y de arrogante. El Malpensante es, junto con Arcadia y Número, de las pocas publicaciones que hace algo por cambiar el panorama gris, insulso y superficial que nos muestran las demás revistas cargadas de tetas y chismes banales.

¿Que sus comentarios son irónicos? ¿Que sus críticas son mordaces y sarcásticas? ¿Que derriban las estatuas de barro de las mediocridades literarias? Eso está bien. A este país del eufemismo, del disimulo, de la hipocresía, le hace falta que lo sacudan y que le muestren la realidad tal como es. ¿Aburrida? Jamás. Lo que pasa es que para leerla se requiere un poco de cultura. Hay que hacer el esfuerzo mínimo de pensar. Y a eso parece que no estamos acostumbrados los colombianos.

Desafortunadamente Gardeazábal –a quien por otra parte hay que admirarle su valor civil, que lo ha tenido y mucho, y también que sea frentero en sus cosas–, sufre de una enfermedad endémica en Colombia: el provincianismo. Y no lo digo tratando de menospreciar a la provincia, que tiene muchas cosas valiosas. Es la actitud provinciana que no ve más allá del paisaje bucólico. Esa de “no me den trago extranjero que es caro y no sabe a bueno”. La que cree que la catedral de Sonsón es más importante que la de Canterbury. Y que estando de visita en París, suspira por un sancocho vallecaucano. Entonces, si uno se limita a Tuluá es imposible tener una visión amplia y suficiente de la cultura universal. Pretender informarse leyendo únicamente los diarios nacionales y viendo todos los noticieros de nuestra televisión en realidad es desinformarse. El mundo allá afuera es diferente.

Lo que sí no creo es que Andrés Hoyos haya dejado el mando en El Malpensante. A veces ha ocurrido que los emperadores se retiren a sus cuarteles de invierno, pero en la sombra siguen reinando. No creo que Hoyos ande buscando un recóndito monasterio para con el silencio y el cilicio mortificar su cuerpo en aras de lograr el per...

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