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El Malpensante

Iceberg

La culpa fue de Lisa

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No hay cosa más peligrosa que un turista locuaz. De regreso a su país va y dice que el pueblito de Soacha no es la maravilla urbanística que asegura el brochure promocional, sino que más parece una inmensa pocilga bombardeada por la miseria. Puede que incluso opine que Ciudad Bolívar no haría feliz al dueño del nombre, el famoso y manoseado general Simón Bolívar quien, dicho sea de paso, últimamente sirve para todo: le endilgan carros bomba en Villavicencio que asesinan adolescentes fiesteros, le endilgan un gobierno de intolerancia bufa en Venezuela y le achacan malas instituciones educativas por todas partes.

Pero la cosa empeora, como lo comprobaron en días pasados los cariocas, si el turista es de apellido Simpson y tan sólo existe como miembro de la familia de una serie de televisión para ser visto por millones de ociosos en usa y en otro pocotón de países mirones en el mundo. El episodio en cuestión se llama “Blame It on Lisa” (“La culpa fue de Lisa”) y, en efecto, tiene lugar porque Lisa, la hija buena de la maluca familia, ha estado patrocinando a un huérfano brasileño llamado Ronaldo (no, no es el futbolista, en cuyo caso el patrocinio bien podría acontecer a la inversa). El carioca Ronaldinho depende de una institución llamada “Orfanato de los ángeles inmundos” y un buen día desaparece, lo que motiva el viaje familiar a Rio. En la última videocarta Ronaldinho le contaba a Lisa que se gastó la platica que ella le enviaba en comprarse un zapato para sambar (¿uno solo?) y en regalarle a su mamá una puerta para proteger la casa de los ataques de micos. Lo que se llama un comienzo auspicioso, pues.

No bien los Simpsons salen del aeropuerto se enteran de que en Rio todos los hombres son bisexuales. Homero es secuestrado por un taxista “no autorizado”, y cuando Marge va a la policía, un comisario de gustos francamente universales le echa los perros. En el curso de su secuestro, Homero tiene que montar en el teleférico que lleva al Pan de Azúcar, el cual a medio camino se revienta, cayendo todos en plena jungla. Mediante una licencia “poética” adicional, una boa constrictor se zampa al pobre padre de familia sin pedir permiso. Ya se sabe: las boas siempre tienen hambre.

Mientras tanto en el hotel, Bart se pone a mirar un programa local de televisión para niños, llamado algo así como “Teletetas” y presentado por una estriptisera rubia semiempelota que lleva las frutas en bandeja. Al feo y perversongo ni&ntil...

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