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El Malpensante

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Un recuerdo de José Manuel Arango

La súbita muerte del poeta José Manuel Arango en días pasados ha puesto una nota triste en estos días en que se exaltan los libros. Un viejo amigo lo recuerda.

Hace algunos años, cuando trabajaba como reportero del periódico El Tiempo, iba por una trocha de montaña del suroeste de Antioquia con un indio catío. Él me guiaba en silencio por su tierra, buscando una casa donde nos esperaban. A medida que avanzábamos por el monte, yo trataba de hablar, pero el hombre respondía mis preguntas con frases tan cortas y en voz tan baja que yo a veces ni siquiera alcanzaba a oírlas. Hubo un momento en que nos detuvimos para descansar un poco. Viendo que era un tipo amable, y que además estaba atento a todo lo que sucedía a nuestro alrededor, me atreví a preguntarle por el silencio: el silencio de su gente, su propio silencio. Todos los catíos que había conocido eran tan callados como él.

El hombre dudó un momento y después dijo, sin mirarme: “Para qué hablar, si son tan pocas las palabras...” .
El recuerdo viene a mi mente hoy, cuando debo usar las mismas palabras para hablar de la poesía de José Manuel Arango, el gran poeta colombiano que murió en Medellín el pasado 5 de abril —en forma inesperada para su familia y sus amigos, pero no para él.

A pesar de haber sido un lector ávido de poesía durante muchos años, y de haber leído incontables veces los poemas de Este lugar de la noche, Signos, Cantiga, Montañas, y de haber aprendido de memoria, como una lección, muchos de sus versos, confieso que no soy capaz de usar las palabras para hablar de la poesía de José Manuel.

Para empezar, tendría que decir que es muy difícil hablar de una poesía, como la de él, escrita con tan pocas palabras y con tanto silencio.

Tengo que remontarme años atrás para explicar otra dificultad: en mi caso, no he podido separar su poesía de la vida de la persona que conocí, del amigo que algún día me encontré, hace casi treinta años, caminando por los mismos corredores de la Universidad de Antioquia, donde él era un profesor distinguido y yo un estudiante de periodismo que también como él amaba la literatura.

Tampoco he podido separar sus poemas de su voz. Una voz que a lo largo de los años me ha acompañado muchos días y muchas noches cuando siento la necesidad de oírla de nuevo y abro las páginas de alguno de sus libros: ¿acaso es otra la razón de que exista ese pequeño milagro que llamamos poesía?

Por todo eso quiero hablar...

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Juan José Hoyos

(Medellín, 1953) Es escritor y profesor universitario. En 2004 la Universidad de Antioquia publicó su libro Escribiendo historias. El arte y el oficio de narrar en el periodismo.

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