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El Malpensante

Breviario

País de cobardes

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Todos los lunes y miércoles de cada semana me levanto a las seis y cuarto de la mañana mentando madres. La razón de esta desgracia es que de un tiempo a esta parte, a los soldaditos que pagan su servicio militar en La Casona los ponen a trotar por las calles de La Carlota y Campo Claro. Eso no tendría nada de malo si trotaran en silencio y no como lo hacen: gritando necedades y cantando tonterías a coro. Uds. dirán que soy un amargado, y yo les responderé que sí. Sí soy un amargado. ¿Cuál es el problema? Allá Uds. que se dejan sodomizar. Allá Uds. si ven como normales todo atropello y toda barbaridad. Allá Uds. si les da miedo decir lo que piensan. Allá Uds. si les parece una gracia que a toda una urbanización la despierten unos mequetrefes en uniforme.

Lo peor es que habrá quien crea que mi calentera se debe a que me levantan temprano y que soy un flojo por no estarme afeitando a las seis y cuarto de la mañana. Pues no, amigos. No soy un flojo. Todos los días, desde hace cuatro años, me acuesto casi a la una de la madrugada gracias a que trabajo en una emisora de radio que se llama 92.9 fm... Pero no vine aquí a discutir mi hoja de vida ni a disertar sobre mi supuesta pereza. Vine a decirles que me tienen hasta la coronilla los militares de mi país. No los paso; les tengo ojeriza por lo soberbios que han demostrado ser.

Ejemplos como el del trote en las calles de La Carlota demuestran que los militares venezolanos son unos abusadores que gozan fastidiándole la vida a los demás, cosa que, por cierto, parece ser lo único que aprenden con eficiencia en los cuarteles y en la Academia Militar. Si no me creen, pregúntenle a cualquier alférez o a cualquier cabo a ver si no los han humillado alguna vez con una injustificable requisa en la madrugada o con un plantón de dos horas a pleno sol... Los militares aprenden de jerarquías fastidiando a sus compañeros de rango menor y por lo visto, ahora que gobiernan, quieren darle su ración humillante a la sociedad civil. Lo triste es que, por cobarde, esta misma sociedad se deja montar la pata y entonces no hay nadie que mande a los trotadores uniformados a gritar al Parque del Este.

El colmo de las brutalidades radica en que la sociedad venezolana admira con baba en la boca a cuanto capitán, coronel, general, sargento o brigadier se le cruce en el camino. La razón de tal desaguisado se debe a ese estúpido pellizco de la historia según el cual los militares de hoy son “herederos” del ejército y de los pró...

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Roberto Echeto

Joven escritor venezolano nacido en Caracas. Conduce el programa de radio Macho y no mucho, que transmite una emisora de la FM de su ciudad natal. En 1998 publicó el libro de relatos Cuentos líquidos.

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