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El Malpensante

Teatro

¿Teatro o festivales de teatro?

Tres vueltas al teatro

Después de veinte años y once versiones, el crecimiento del Festival ha sido abrumador. Pero ¿ha pasado lo mismo con el teatro colombiano? El autor recorre estas dos historias, casi paralelas, con escasos puntos de encuentro.

Canciones de caminantes, Lian Hwai, 2004 • © Cortesía Festival Iberoamericano de Teatro

 

Hace 20 años viajé a Bogotá desde Cali para ser testigo del primer Festival Iberoamericano de Teatro. Corría el año 1988. Ya había estado en la capital de Colombia unos meses atrás, como testigo del estreno abrumador de la obra El paso (parábola del camino), del grupo La Candelaria, la cual, justamente, en este 2008, celebró su función número 1.720 luego de dos décadas sobre los escenarios. Creo que mi vida, y buena parte de la vida de los “teatreros” (la palabrita nunca me ha gustado, pero ya volveremos a ella más adelante) colombianos, ha girado en torno de los festivales organizados por Fanny Mikey y su combo. Conozco a Fanny Mikey desde que yo era un niño, taconeando feliz (ella, no yo) por los corredores del Conservatorio de Cali y, cada vez que nos vemos tenemos un tácito guiño de satisfacción por haber pertenecido a una ciudad a la que ambos le debemos todo. Pero los tiempos han cambiado, nuestro Cali ya no existe y, por supuesto, el Festival Iberoamericano, después de diez (bueno, once) ediciones, también ya es otro. Cuando nació, no se hablaba aún de un Festival de Teatro Alternativo. Existía el polémico Festival Nacional del Nuevo Teatro que, a tumbos, vivía y dejaba de vivir de acuerdo con las fricciones o las reducciones de presupuesto de los gobiernos de turno. Hoy, el Festival Alternativo es nuestro Festival Off, continuación, por otros medios, de una actitud contestataria de buena parte del llamado “movimiento teatral colombiano”, que cada vez que puede se lanza en ristre contra cualquier forma de mercantilismo del arte teatral.

Desde que empezamos a estudiar teatro se nos enseña que para que exista el drama, tiene que existir el conflicto. Desde Aristóteles hasta Brecht, la idea de un arte dramático (o sea, de un texto teatral con personajes y situaciones) tiene que sustentarse sobre fuerzas en pugna para que se genere la acción. El teatro necesita de los contrarios. Y, al parecer, en Colombia mucho más. En Colombia tenemos una necesidad casi atávica de llevar la contraria. Si se organiza el Hay Festival de Literatura, hay que organizar el “No Hay Festival”. Si se convoca a una marcha, se necesita la contramarcha. Si...

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Sandro Romero Rey

Trabaja como profesor en la Facultad de Artes de la Universidad Distrital. En 2010 publicó 'El miedo a la oscuridad'.

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