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El Malpensante

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Un paladín de Occidente

La siguiente es la respuesta de William Ospina a una reseña de su libro Los nuevos centros de la esfera, publicada en El Malpensante N° 35 por el economista y subdirector de Fedesarrollo Alejandro Gaviria.

“El hermano de las águilas”, titula con intención irónica Alejandro Gaviria un comentario sobre mi libro Los nuevos centros de la esfera. Quiere contrariar la metáfora de que los pueblos nativos de muchas regiones del mundo “creían ser hermanos de las águilas y de los antílopes”, actitud que comprueban, sin embargo, todas las tradiciones no antropocéntricas, desde el politeísmo egipcio, donde los dioses eran halcones, perros e hipopótamos, o fusiones de éstos con los humanos, hasta el mito del vuelo de las tijeretas de los u’wa de la sierra del Cocuy, recogido por Ann Osborn en su libro del mismo nombre. Pero en medio de su argumentación, Gaviria recuerda que también la biología molecular nos ha mostrado “que, al fin de cuentas, sí somos hermanos de las águilas con las cuales compartimos la mayoría de nuestros genes”, y prefiere deslizar así una solicitud de ingreso en la fraternidad a la que burlonamente aludía.

A pesar del título, el propósito de Gaviria no es negar que seamos hermanos de las águilas, sino afirmar que los pueblos nativos no lo creyeron nunca. Para ello ha inventado una teoría indemostrable ante la avalancha de pruebas en contra: la teoría de que todos los pueblos del planeta, todas las culturas y todas las razas han sido tan depredadoras, tan saqueadoras y tan envilecedoras del mundo como la actual sociedad tecnoindustrial, hecho que no obsta para que ésta, por su ciencia, su moda y su comercio, le parezca preferible.

A la afirmación de que los pueblos nativos de todas las regiones supieron convivir con la naturaleza, el crítico responde que los mongoles que cruzaron el estrecho de Behring “hace 11.500 años” hicieron desaparecer súbitamente poco después a “caballos y camellos salvajes, mastodontes, mamuts y bisontes gigantes”. Se aprovecha de que no podemos viajar en la máquina de Wells a esas edades para ver a los pobres prófugos del Asia perpetrando aquel exterminio. Pero, dado lo exiguo de las poblaciones iniciales (ningún experto ha postulado vastas migraciones desde las estepas heladas hasta lo que hoy es América), debió ser un trabajo harto extenuante para unas pequeñas hordas acabar con la fauna salvaje de todo un continente, en el que aún hoy, y en coches modernos, es arduo desplazarse por vía terrestre. Para contrariar unas afirmaciones que le parecen altisonantes, Alejandro Gaviria no duda en imaginar y divulgar esa sonora hazaña de un puñad...

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William Ospina

(Padua, Tolima, 2 de marzo de 1954). Es un poeta, ensayista y novelista colombiano. En 2009 obtuvo el Premio Rómulo Gallegos por su novela El país de la canela.

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