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El Malpensante

Breviario

Sobre el nuevo fanatismo científico

En la revista New Scientist, edición del 3 de noviembre de 2001, Liz Else entrevistó a la veterana filósofa inglesa Mary Migdley sobre el tema de la ciencia.

Aquellos científicos que tienen un sesgo altamente reduccionista se resentirán del hecho de que usted, una filósofa moral, se les atraviese en el camino. ¿Qué anda haciendo por allí?
La gente piensa que la filosofía es una disciplina especial y más bien magna que está aislada de los demás, algo que no se puede poner sobre el mantel. Yo pienso que es más parecida a la plomería: una clase de pensamiento al que la gente recurre incluso en las áreas más prudentes y prácticas, que siempre tienen debajo de la superficie todo un sistema de pensamiento del que no son conscientes. Entonces, de repente, nos percatamos de que hay malos olores y tenemos que levantar los pisos y mirar los conceptos hasta en los tramos de pensamiento más corrientes. Los grandes filósofos del pasado no se gastaban el tiempo ponderando entidades en el cielo. Ellos notaban cuán mal iban sucediendo ciertas cosas y hacían sugerencias sobre la manera en que éstas podían enderezarse.

¿Entonces hay malos olores alrededor de la ciencia que deberían ser examinados?
Sí. Creo que el asunto se remonta a Descartes. Él tenía la esperanza de que existiera una única manera de conocer que resolviera todos los problemas. Era una esperanza noble que bien valía la pena tener. Como la física resultó tan exitosa en esa época, él pensaba que la física era el modelo y que eventualmente otros problemas difíciles se podían resolver reduciéndolos a la física. Eso no funciona porque la física es apenas una manera de pensar, tremendamente abstracta, y se necesitan otras maneras de pensar sobre los problemas humanos. El efecto ha sido que la gente piensa que se saben las cosas o no se saben, que la certeza total es algo que sí se debería buscar. Pero lo que siempre parece emerger es que, en ese sentido, no hay nada que uno “sepa” a cabalidad, nada sobre lo cual sea imposible hacer cuestionamientos.

¿Qué habría que hacer a cambio?
La verdadera tarea es obtener la orientación y la probabilidad que se puedan sobre las cuestiones importantes para uno. Si no se llega al tipo de prueba matemática a la que aspiraba Descartes, eso no es terriblemente importante. Uno sólo necesita prueba si hay una verdadera duda. En estos días nos vemos mucho más inclinados a pensar sobre las diferentes maneras de comprender las cosas y a considerar la comprensión como el objetivo principal. Nunca obtendremos la respuesta...

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