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El Malpensante

Breviario

La parada "Costanera Heinrich Lübke"

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En la línea del tranvía 16, que lleva desde el nordeste de Colonia hasta Bad Godesberg, antaño residencia de los diplomáticos, al sudoeste de Bonn, había hasta hace muy poquito tiempo una parada llamada Marienburg, el nombre de un noble barrio sureño coloniense. Una parada que también lo era del autobús 130, el cual circula desde la Universidad hasta la orilla izquierda del Padre Rhin en el quiero-y-no-puedo-elegante suburbio de Rodenkirchen. Pues bien: ahora, allí, desde mediados de junio, esa doble parada ostenta el nombre Heinrich-Lübke-Ufer, es decir: Costanera Heinrich Lübke. Y es lo que yo me digo: ¡Estos alemanes no van a aprender nunca!

¿Quién fue Heinrich Lübke? Si repasan la historia de la República Federal de Alemania se enterarán de que lo eligieron presidente de la misma, un cargo puramente decorativo y poco menos que protocolario, en 1959, siendo reelegido por otros cinco años en 1964. Lo que esa historia no les dirá es que Lübke accedió a la más alta y más inoperante magistratura del país por la sencilla razón de que el partido cristianodemócrata, con el canciller Adenauer a la cabeza, tenía la sartén por el mango (“y el mango también”) en la Alemania occidental de la post-guerra. Y como al viejo Adenauer jamás le importó un puesto decorativo y protocolar, sino mandar, y cómo, y como ya había chocado varias veces con el liberal Theodor Heuss, el primer presidente federal, no tuvo el menor empacho en que le sucediera cualquier don nadie de su partido: el elegido fue Lübke, y el que partía el bacalao, como gráficamente dicen los españoles, siguió siendo él, Adenauer, desde la jefatura del gobierno.

Para su propia desgracia, y la del puesto que ocupaba, la salud mental de Heinrich Lübke se resintió bastante durante su segundo mandato y daba cada traspiés oratorio que temblaba el misterio. Famoso en los anales de la vida pública alemana es el discurso que pronunció en una de las viejas colonias africanas de su lejano predecesor, el Káiser, y que comenzó con estas palabras devenidas históricas: “Damas y caballeros, queridos negros”.

Por si fuera poco, precisamente en esos momentos críticos de su segunda presidencia se descubrió que durante la guerra fue responsable entre 1943 y 1945 del trabajo de los obreros esclavizados en el centro de investigación balística de Peenemünde, el laboratorio experimental de las V1 y V2 del verdugo ...

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R Bada

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