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El Malpensante

Cine

Ser o no ser John Malkovich

No solo se trata de uno de los íconos contemporáneos de Hollywood. John Malkovich ha hecho de su rostro la imagen del villano por excelencia. En su reciente visita a Colombia, el actor trajo de vuelta a las tablas el talento que lo ha convertido en un mito del cine: su capacidad de revolver, entre el amor y el odio, lo que sentimos por el malo de la historia.

Fotografía de Nicolás Guerin

 

En la entrevista titulada El cine según Hitchcock, el evangelista díjole a su discípulo François Truffaut que mientras mejor fuese el villano de una historia, mejor sería una película. Esta máxima parece haberla asumido John Malkovich para inventarse el fantasma de sí mismo. El actor de Relaciones peligrosas ya no es simplemente un actor. El cine se ha encargado de inventar su propio mito, no solo en la carrolliana película ¿Quieres ser John Malkovich? (Spike Jonze, 1999), sino a través de todas las claves que, por casualidad o destino, nos ha ido lanzando a lo largo de su ya extensísima filmografía. Ahora, en el nuevo milenio, ha conseguido ser el más malo entre los malos, regresando a una de sus viejas pasiones, tan vilipendiada por los amantes de la cultura a contrarreloj: Malkovich ha vuelto a ser actor de teatro.

Y digo “ha vuelto”, porque allí comenzó su historia interpretativa, sobre las tablas, en La muerte de un viajante. Los que no tuvimos la oportunidad de verlo, debimos esperar hasta la puesta en escena para la televisión que hizo Volker Schlöndorff de la obra de Arthur Miller. Allí estaba el irreconocible joven Malkovich, en el rol de Biff, el hijo pródigo de Willy Loman (encarnado por el ahora veterano Dustin Hoffman). Biff, ahí, es un ángel vigía. Hoy por hoy, cuando revisamos dicha versión, nos parece que el personaje del muchacho es interpretado por el nieto de John Malkovich y no por el actor mismo; máscara bonachona de una leyenda que no parece querer ser el personaje que interpreta. El rol de Malkovich en La muerte de un viajante es el del Dr. Jekyll inocente, escondiendo sin saber a su Mr. Hyde.

Pero dicho desconcierto no solo ocurre con La muerte de un viajante. En general, es difícil murmurar el apellido Malkovich y no pensar en la sombra de un vampiro, cada vez que vemos aparecer su engreída figura de profanador de tumbas en cualquiera de los más de 65 largometrajes que lleva hasta el momento. Se ha prestado para iluminar las sombras del expresionismo en películas como Sombras y niebla de Woody Allen o se ha calcinado bajo El imperio del sol de Steven Spielberg o ha vuelto imagen lo que antaño fuese verbo en las memorables version...

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Sandro Romero Rey

Trabaja como profesor en la Facultad de Artes de la Universidad Distrital. En 2010 publicó 'El miedo a la oscuridad'.

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