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El Malpensante

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El tamaño de tu esperanza

En pos del Argentinian Dream, el autor se encontró entre las poco alentadoras opciones del hambre o las ventas telefónicas. En esta crónica regresa a aquellos días de largas llamadas y cortas ilusiones.

Ilustración de Miguel Montaner

 

¿Hablo con don Jorge Ramírez? Don Jorge, buenos días, habla con Luis Miguel Rivas, yo soy asesor médico y le estoy llamando desde los laboratorios Vita-bio, con sede en Nueva York, ¿Cómo ha estado?”.

Así comenzaba yo las llamadas en aquella época fugaz en la que trabajé como vendedor telefónico de potenciadores sexuales y elongadores para el pene, elaborados por los laboratorios Vita-bio con sede en Nueva York, que en realidad estaban ubicados en la calle Adolfo Alsina de Buenos Aires, Argentina.

“¿Cómo ha estado don Jorge? –continuaba sin darle tiempo a responderme para pasar de inmediato a anunciarle la gran noticia–: lo estoy llamando para contarle que usted ha sido uno de los diez afortunados ganadores, seleccionados entre nuestra base de datos, para recibir un tratamiento completamente gratuito de productos Vita-bio, además de un bono extra por valor de 50 dólares. Cuénteme: ¿usted ha oído hablar de los productos Vita-bio? ¿No? Muy extraño porque nosotros tenemos publicidad en la televisión y en los periódicos más importantes de Norteamérica –don Jorge, como todos los potenciales clientes que aparecían registrados en las bases de datos que me entregaba mi jefe todos los días, era un inmigrante latino del sur de los Estados Unidos–, pero le cuento para que se acuerde: nosotros somos un laboratorio especializado en medicina natural elaborada con la más alta tecnología… y cuénteme, ¿cuántos años tiene usted don Jorge? ¿81? ¡Qué maravilla!, pero se le oye una voz muy recia, muy vital. Y dígame, ¿ha estado yendo a revisiones médicas este año?…”.

Si don Jorge no me colgaba en ese momento o no me había colgado antes, yo seguía haciéndole preguntas indirectas con las que extraía información sobre su salud en general, su vida familiar, su poder adquisitivo, las relaciones con su esposa, sus estado de ánimo, la actividad de su libido y la concordancia entre los impulsos de esta y la posibilidad biológica de satisfacerlos. Si don Jorge ya no tenía libido, o posibilidades, le hacía caer en cuenta de que precisamente allí radicaba el origen de su des&aacu...

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Luis Miguel Rivas

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