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Pambelé: dos rounds

En la próxima Feria Internacional del Libro de Bogotá, Alberto Salcedo Ramos presentará una nueva edición ampliada de El oro y la oscuridad, perfil que narra el ascenso y la caída de Antonio Cervantes "Kid Pambelé".

 

Con Tabaquito Sáenz, su entrenador en Caracas 

 

1er Round

Le digo entonces, a propósito, que muchas de las anécdotas suyas me las ha contado Mendoza Carrasquilla. Por ejemplo, la de la “boa constrictora”. Pambelé se ríe, mueve la cabeza hacia los lados como si estuviera negando algo.

–¡El doctor sí es malo! –exclama–. ¿Te contó esa vaina?

El cuento es así: el 28 de abril de 1978, en vísperas de la pelea contra Tongta Kiatvayupak en Tailandia, Pambelé estaba asustado debido a que, por primera vez en su carrera, presentaba sobrepeso. Su reacción inicial cuando la balanza marcó quinientos gramos de más fue decir que debía tratarse de un error. Él, como les constaba a quienes lo conocían, era un welter junior natural. Aunque consumiera el almuerzo más grande media hora antes del pesaje, se mantenía en los límites de la categoría. Sin embargo, la tozuda realidad parecía empeñada en contradecirlo: al subir por segunda ocasión a la báscula el resultado volvió a ser adverso. En ese momento le entró la suspicacia. Con seguridad querían arrebatarle con trampas la corona que jamás le quitarían limpiamente en el ring. Fidel Mendoza Carrasquilla le concedió la razón, pero le dijo que en patio ajeno jamás ganarían esa batalla jurídica. Lo mejor –le advirtió– era bajar de peso en las seis horas que faltaban para comenzar el combate. Así que a comer papaya, a tomar bastante agua, a visitar el baño cuantas veces fuera necesario y a caminar. Eso sí: le recomendó que antes de retirarse a su habitación a eliminar los quinientos gramos que le sobraban, se pesara de nuevo, ahora sin el pantaloncillo.

–Así quedamos debiendo menos, Toño –le explicó–, porque ese pantaloncillo tuyo quizás pesa como ciento cincuenta gramos.

Pambelé, dueño de un gran sentido del pudor, le dirigió una mirada a medio camino entre el espanto y la reprobación.

–¡Ni se le ocurra, docto!

Justo entonces sucedió algo que le hizo cambiar de idea. El rival, que también estaba excedido en el peso, se quitó el cal...

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Alberto Salcedo Ramos

En 2011 obtuvo su quinto Premio Simón Bolívar por el artículo 'La eterna parranda de Diomedes'.

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