Google+
El Malpensante

Artículo

El perfil del New Yorker:

la gente y los lugares

Ser objeto de un perfil a fondo puede entrañar una experiencia a la vez traumática y liberadora. Lo esencial para llegar al fondo de los personajes es aprender a callar. Así lo plantea una de las más reconocidas periodistas del New Yorker, en esta charla dictada en la Northwestern University de Chicago.

Ilustración de Henry Rodríguez Herrera

Pensé que empezaría por explicarles por qué escribir perfiles para el New Yorker es diferente.

No me inicié allí. Comencé haciendo de freelance para publicaciones como Premiere y Harper’s Bazaar. Escribir un perfil para esas publicaciones es un asunto muy distinto. Es indigno y bastante embarazoso en ocasiones, porque te emparejan, usualmente, con alguna no-tan-famosa estrella de cine. Y lo que tienes que hacer es sacarte de la manga alguna falsa afinidad para que parezca que se trata de dos amigos pasando el tiempo. De manera que te sacas una falsa afinidad de la manga. Por ejemplo, entrevisté a Leonardo Di Caprio cuando aún no era tan famoso, y me dijo que le gustaban los animales, así es que decidimos ir al zoológico. La simulación consistía en que Leonardo y yo éramos dos colegas paseando por el zoológico y yo estaba allí y escribía sobre aquello por casualidad. Fue una situación muy embarazosa.
Lo que los editores realmente quieren, si estás escribiendo sobre una estrella de cine para una revista como Premiere, es saber sobre la vida sexual de esa estrella. Odio preguntar al respecto. La estrella de cine sabe que van a preguntarle: “¿Cómo perdiste tu virginidad?”. Y ya se podrán imaginar lo humillante que es hacerle esta clase de preguntas a un completo extraño cuando estás pretendiendo ser un adulto profesional. Así es que gracias a Dios ahora trabajo en el New Yorker.
Para darles otro ejemplo, una vez se suponía que tenía que escribir sobre Elizabeth Berkeley. No sé si han oído de ella. Yo estaba escribiendo sobre la película Showgirls, un punto en su carrera que sería su gran oportunidad —o no, como finalmente pasó. Ella recién venía de un programa de televisión para niños llamado Salvados por la campana. Y estaba que ardía de ambición y sumamente emocionada. Fue una situación muy extraña. Estábamos en un casino en Tahoe, como a las dos de la mañana, y ella no tenía puesto nada, a excepción de una tanga; el cuerpo le refulgía por la brillantina. Y yo estaba sentada allí con una grabadora haciéndole preguntas estúpidas. Al ...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Larissa MacFarquhar

Es autora de planta en la revista The New Yorker.

Agosto de 2007
Edición No.80

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

Nuestro Archivo

1 de 4

Fidelidad de los perros


Por Tomás Sánchez Bellocchio


Publicado en la edición

No. 203



Dossier de Ficción [...]

La vida láctea


Por Karim Ganem Maloof


Publicado en la edición

No. 206



Como una larga cadena de proteínas, en este texto se cruzan la tradición familiar de preparar yogur, el triunfo de la industria láctea a nivel mundial y los inicios de la microbio [...]

La puerta abierta


Por Eduardo Halfon


Publicado en la edición

No. 207



Esta breve nota recuerda que el suicidio está siempre disponible para quien no se sienta a gusto con la vida.  [...]

Diario de una residencia


Por Fernanda Trías


Publicado en la edición

No. 203



¿Cuáles son las penurias y bondades de una residencia artística en la célebre Casa de Velázquez, en Madrid? Una escritora uruguaya relata, atenta al Mundial  de [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores