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El Malpensante

Literatura

La musa del cuarto de baño

Traducción de Andrea Garcés

El baño es uno de los lugares más apacibles para disfrutar de la lectura. Libros, revistas y hasta etiquetas de champú hacen parte de la variada compañía que podemos llevar con nosotros cuando llama la naturaleza.

Ilustración de Eva Vázquez

 

Si ustedes son como yo, siempre deben tener algo para leer en el baño –cualquier cosa sirve–. Un reportero me contó que un día tuvo que pasar la noche en casa de un ex presidente; desesperado por leer algo, buscó por todas partes un libro o una revista y, para su asombro, no encontró nada que leer en ningún rincón de esa inmensa mansión costera, ni siquiera un menú de comida china o un folleto sobre alguna venta de pasteles de la iglesia local. He descubierto que últimamente se ha intentado mejorar esta situación; hay una antología bastante fácil de encontrar llamada Uncle John’s Bathroom Reader, que en Amazon se describe a sí misma de la siguiente forma:

¡Al fin… aquí está… el libro que has estado esperando! No más búsquedas desesperadas de último minuto para encontrar ese artículo perfecto. No más decisiones angustiosas entre textos superficiales y lecturas más serias. ¡Este pequeño volumen lo tiene todo: entretenimiento, humor, educación, trivialidades, ciencia, historia, cultura pop… y más! Incluso está organizado por extensión: puedes pasar un rato con las Lecturas Rápidas, relajarte con los artículos de Longitud Normal, o ponerte realmente cómodo con los Artículos Largos.

¿Se ha hecho alguna encuesta entre aquellos que se encierran en el baño para preguntarles cómo pasan el tiempo adentro? ¿Leen, fuman, hablan solos, reflexionan sobre alguna cosa, dicen plegarias o simplemente miran a su alrededor? Si no se ha hecho, ¿por qué? Todas esas luces de baño prendidas a altas horas de la noche, en ciudades grandes y pequeñas por igual, deben indicar que hay alguien adentro haciendo mucho más que responder al llamado de la naturaleza. Esposas que se deslizan del lado de sus esposos roncadores, esposos que no pueden dormir por el bruxismo de sus esposas, o simplemente viejos y llanos insomnes que buscan un refugio, un lugar tranquilo para leer y meditar. Con toda la vigilancia a la que una docena de agencias del gobierno y un número incontable de compañías privadas someten a cada norteamericano, no me sorprendería que ya se haya roto el velo que cubre el secreto de estas acti...

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