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El Malpensante

Literatura

La literatura argentina y un chiste de Aira

La novela de trama y personajes, al estilo de Balzac o Dickens, es para muchos cosa del pasado. Ante la proliferación del amateurismo literario y la preocupación excesiva por los procedimientos, ¿qué está pasando con las obras?, ¿es posible reivindicar la vitalidad de la novela decimonónica?

Ilustracion de Diego Patiño

 

En vez de hacer una enumeración de escritores y de trazar improbables mapas de generaciones o afinidades en la reciente literatura argentina, prefiero exponer aquí algunas de las ideas que se esgrimen desde hace no menos de treinta años en la crítica cultural para elevar o hundir escritores y proyectos literarios. Muchas de estas ideas se han convertido en verdaderos clichés de las discusiones literarias: se repiten de manera mecánica, circulan como verdades consagradas en suplementos y revistas culturales, y no son jamás criticadas ni miradas de cerca, sino que se aceptan y se adoptan de manera sospechosamente unánime, como el nuevo sentido común de la época, o como contraseña de pertenencia en la conformación de bandos estéticos.

En realidad, me limitaré aquí a discutir solamente una, que me parece crucial, y hasta cierto punto divide aguas: quien decide creer en ella cree a continuación en varias otras que están encadenadas y que conforman toda una actitud hacia la literatura. Es la idea del rendimiento decreciente, o del supuesto agotamiento de la novela de trama y personajes. Esta idea se ha expresado de distintos modos, en distintos funerales de la novela, pero la expone con todas sus consecuencias César Aira en un artículo titulado “La nueva escritura”1. No necesito decir que la discusión de este artículo no supone ningún juicio sobre la obra de Aira como escritor. Sí me interesa señalar que la línea argumental expuesta por él se ha vuelto dominante en la crítica argentina2 y no solo ha servido de soporte teórico para la clase de novelas que él escribe sino también de amparo automático para la legión de sus seguidores. Transcribo de los primeros párrafos de su artículo:

Tal como yo lo veo, las vanguardias aparecieron cuando se hubo consumado la profesionalización de los artistas, y se hizo necesario empezar de nuevo… En efecto, y restringiéndonos al arte de la novela, una vez que ya existe la novela “profesional”, en una perfección que no puede ser superada dentro de sus premisas, la novela de Balzac, de Dickens, de Tolstói, de Manzoni, la situación corre peligro de congelarse. Alguien dirá que si todo...

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