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El Malpensante

Literatura

La bondad en una esquina

Algunas veces el privilegio de escribir buena literatura se paga con un intenso dolor que acaba por convertirse en su motivación, su fuerza, su materia prima. Vista desde la acera, la novela inconclusa de Fernando Molano que será publicada en agosto por Planeta, constituye una desgarradora prueba de este axioma.

Fernando Molano, circa 1996 • © Cortesía Familia Molano

 

"A veces temo que los hombres seamos solo una raza de náufragos perversos, y no exista en la isla el verdadero amor, como no sea el propio (o el de dos, a lo sumo). Aun así, a mí la vida me seduce, y siempre aguardo a que en cualquier esquina me asalte la bondad de algún extraño”. Esto escribía Fernando Molano en la página 66 de su segundo libro publicado en vida, Todas mis cosas en tus bolsillos (Universidad de Antioquia, 1997).

Los que vivimos en la Colombia de los años noventa sabemos que lo único que todos nos esperábamos al dar la vuelta en una esquina eran la puñalada, la bomba o el atraco. Pero Fernando Molano, aun en ese estercolero que era y en parte sigue siendo nuestro país, era capaz de esperar la bondad, a pesar de lo escaso que ha sido este personaje en el teatro de la vida colombiana.

Las aceras, las esquinas y los cuartos son sitios importantes en la narrativa y en la poesía de Fernando Molano. También las aulas de clase y las salas de lectura de las bibliotecas públicas. O, para ser más precisos, de una en particular: la Luis Ángel Arango. Molano amó esta biblioteca, que durante sus años de estudiante de literatura fue su única patria verdadera, y la biblioteca correspondió a ese amor del modo más hermoso y más extraño. La historia de este amor correspondido merece ser contada aquí, pues es la que explica que este libro, Vista desde una acera, exista.

La madre de Fernando Molano era la única hija de un señor de apellido Vargas. Lo único que la familia sabía de ese abuelo lejano era que despreciaba a su hija –por haber nacido fuera del matrimonio– y que nadaba en plata. Un día, en los años setenta, los Molano se enteran por las páginas rojas del periódico que han matado al abuelo Vargas. Entonces la familia del muchacho adolescente pensó que al fin dejarían de pasar trabajos gracias a la herencia de ese abuelo que nunca los había determinado. Dejaba una casa en Chapinero, un edificio de cuatro pisos en el centro de Bogotá y millones de pesos en el banco. Pero resulta que Vargas, hombre devoto, había redactado un testamento en el que legaba sus bienes a la Virgen del Carmen a trav&...

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