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El Malpensante

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En el laberinto de la inteligencia

Una guía para idiotas

¿Se puede medir la inteligencia? El sentido común afirma que sí, y en cualquier conversación la gente es calificada de inteligente o de estúpida, pero una mirada más perspicaz le encuentra mil bemoles a la popular idea.

Es probable que toda sociedad humana reflexione sobre aquellos atributos que considera deseables, aunque la cotización de esas virtudes varíe. La modernidad ha valorado sobremanera la fidelidad, la valentía, la sabiduría, la humildad y la caballerosidad, aunque más bien le correspondan como virtudes cardinales la flexibilidad, el sentido de equipo y la capacidad de imponerse. Pero una cosa es segura: quien quiera ser valorado por sus contemporáneos debe ser por fuerza inteligente.

Lo extraño es que nadie sabe exactamente qué es la inteligencia. Naturalmente que desde siempre se ha tratado de ponerle esposas a ese inútil concepto sirviéndose de una robusta definición, aun cuando, como sabemos, de lo que en realidad se trata es de un recurso eficaz para sabotear toda discusión. En un abrir y cerrar de ojos, la controversia sobre la materia se convierte en una controversia sobre las palabras. “No te pongas así —se le replicará al aguafiestas—, todos sabemos a qué te refieres”. O: “Las definiciones son estériles”. Eso nos recuerda la famosa sentencia de san Agustín, quien, a la pregunta por la definición del tiempo, respondió: “Cuando nadie me lo pregunta, lo sé; pero cuando debo explicárselo a alguien, no”.
 
Pues bien, aunque el análisis lexicológico exija un poco de paciencia, inútil no es. Y es que la historia de ese concepto nos tiene preparadas múltiples sorpresas. Cuanto más nos concentramos en esa palabra, más extraño es lo que vemos al volver los ojos hacia el pasado. Se sabe que la palabra “I” proviene del latín, pero los romanos la tradujeron del griego, como muchos de sus términos, ya que los griegos pueden considerarse como los verdaderos inventores de la inteligencia.
 
Entre los griegos, nóos o noûs se usaba para referirse a prácticamente todo lo que pudiera encontrarse dentro de nuestras cabezas. “Sentido, meditación, fuerza del pensamiento, entendimiento, razón, espíritu, reflexión, discernimiento, sensatez, genio, ánimo, corazón, forma de pensar, forma de sentir, sentimientos, pensamientos, opinión, deseo, voluntad, intención, plan, voluntad de Dios, decisión, sentido, significado, objetivo, propósito”. Por lo menos eso es lo que dice mi diccionario de griego.
 
También la intelligentia latina tiene sus recovecos. Rebasando el campo sem&...

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Salomón Derreza

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