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El Malpensante

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Algunas palabras sobre Bábel

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La primera impresión es siempre muy importante. Se considera, por lo general, que es la más decisiva. Estamos convencidos de que, cambiemos o no de opinión sobre una persona, da igual, porque tarde o temprano regresaremos a la primera impresión.

La vigencia de la primera impresión no se puede explicar con nada, a excepción del convencimiento que ponemos en nuestra propia agudeza y percepción. En mi vida he experimentado a menudo esta “primera impresión”, pero siempre con una intensidad variable.
 
Con frecuencia la primera impresión nos plantea adivinanzas socarronas.
 
Mi primer encuentro con Isaac Bábel ocurrió en circunstancias un tanto misteriosas y de admiración por mi parte. Tuvo lugar en 1925, en los alrededores de Odessa, en un paraje conocido como la Fuente del Medio.
 
Al occidente de Odessa, a lo largo de muchos kilómetros de la costa, se extiende una franja de jardines viejos y casas de campo. A todo este lugar se le conoce con el nombre de las Fuentes (la Pequeña, la del Medio y la Gran Fuente), aunque no exista ninguna fuente allí. Y parece que nunca la hubo.
 
Toda la franja de las Fuentes estaba dividida en estaciones (por el número de paradas del tranvía), desde la primera hasta la estación 16.
 
En la novena estación, para el verano, yo abría las ventanas del balcón en la casa de campo. Muy cerca, al otro lado del camino, vivía Bábel con su mujer, la bella pelirroja Eugenia Borisovna, y su propia hermana Meri, a quien todos llamaban cariñosamente Merita.
 
Merita, como dicen en Odessa, era parecida “hasta lo imposible” al hermano y resignadamente cumplía todos sus encargos. Y Bábel le asignaba muchos, los más diversos, desde pasar en limpio sus manuscritos en la máquina de escribir hasta bregar con admiradores inoportunos y descarados. Ya por aquel tiempo llegaban en grupos enteros desde la ciudad para “ver a Bábel”, lo que producía en el escritor estremecimientos e indignación.
 
Bábel había regresado recientemente de la Caballería Roja, donde prestó servicio como combatiente raso, bajo el nombre de Liutov. Sus cuentos ya se habían publicado en muchas revistas como Anales, Lef, El Erial Rojo y en periódicos de Odessa. Lo asediaba una multitud de jóvenes literatos de esa ciudad. Y lo irritaban t...

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