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El Malpensante

Entrevistas

La tribu Malaussènne

Una entrevista con Daniel Pennac

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Daniel Pennachioni, nacido en Casablanca en 1944 e hijo de un militar francés que pasó buena parte de su vida en el extranjero, empezó su carrera como escritor en 1973 con la publicación del libro-ensayo El servicio militar ¿al servicio de quién? Para evitarle problemas a su padre, firmó ese texto como “Daniel Pennac”, un seudónimo que no ha dejado de utilizar desde entonces. Tras unos años de silencio, publicó Perro, perrito y La mirada del lobo, dos libros para niñosque había escrito mientras trabajaba como profesor de bachillerato, primero en Soissons, sesenta kilómetros al norte de París, y luego en la capital.

Al nombrar a Pennac lo primero que viene a la mente son los “Derechos del lector”, uno de los capítulos de Como una novela, su ensayo (?) sobre la enseñanza de la literatura, que para el público latinoamericano ha opacado al resto de su obra. Es, no obstante, ese “resto de su obra”, y sobre todo lo que ha sido llamado la “Saga Malaussène”, lo que le dio estatus de autor de culto en Francia e Italia.
 
La Saga comenzó en 1985 cuando Gallimard publicó La felicidad de los ogros, la primera de las seis novelas que protagonizan Benjamin Malaussène y sus seis hermanos, todos de diferente padre, y por las que desfilan criminales nazis arrepentidos, traficantes de películas, monjas de doble vida, adivinos y un perro epiléptico. La última aventura de Pennac le aconteció en el teatro, no sólo como escritor sino como actor. “Merci” de et par Daniel Pennac, decía la publicidad del Theâtre du Rond-Point en diciembre de 2005 para anunciar que, a los 61 años, el autor había decidido, bajo la dirección de Jean Michel Ribes, llevar a las tablas el monólogo irónico de un artista al recibir “uno de esos premios al conjunto de su obra”.
 
En una calle comercial del barrio XX de París hay un portón verde lleno de graffitis que hacen suponer que tras él uno va a encontrar una casa en demolición. Lo que hay es un patio común para todos los habitantes del inmueble. Daniel Pennac no cierra casi nunca la puerta que da acceso a ese patio típico de ciertos sectores de su barrio: Belleville. Este barrio, ausente de las postales y tan escaso de landmarkslleno de rincones impredecibles, ...

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