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El Malpensante

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¿Qué hay de nuevo viejo?

En 1940, Bugs Bunny apareció por primera vez en la pantalla. ¿De dónde sacaron a ese conejo irreverente?, ¿quién lo creó?, ¿qué pasaba durante la guerra en los grandes estudios gringos de animación? Setenta y cinco años después del estreno del corto A Wild Hare -que será proyectado durante el festival Bogoshorts-, el autor repara en las múltiples caras del conejo Bugs. 

© Corbis

“Se tiraban al piso de la risa” recordaba el director Tex Avery, acerca de las primeras proyecciones de A Wild Hare, la película que oficialmente inicia la saga de Bugs Bunny. Al parecer no estaba hablando en sentido figurado, si bien hoy una conducta así en una sala de cine nos parecería algo sobreactuada. Pero el año era 1940 y la vida cultural era muy distinta. El cine ofrecía mundos posibles y el espectador aprobaba o rechazaba a los actores. ¿Pero por qué habría de ser importante una caricatura? ¿Y por qué un conejo?

Hubo un tiempo, cuando los dibujos animados eran un arte joven, en que las pantallas se llenaron de animales. Entre 1919 y 1934 fueron apareciendo el gato Félix, el ratón Mickey, el pato Donald. Cada estudio cinematográfico tanteaba la zoología en busca de la próxima superestrella, y no siempre estaba asegurado el acierto: la recordación que puede tener hoy el sapo Flip (a pesar de que se hicieron 37 capítulos) lo comprueba.

El único homo-sapiens era Popeye el marino, lo demás parecía un arca de Noé. Gatas bailarinas, perros meseros, gorilas, hipopótamos y leones comensales poblaron la primera película de Betty Boop, quien por cierto empezó siendo una perrita french poodle. La industria del dibujo animado fundamentaba su gloria en la invención de un animal que fuera carismático. La biografía de Walt Disney escrita por Bob Thomas relata la increíble respuesta que tuvo la distribuidora United Artists frente al éxito del cortometraje Los tres cerditos en 1933. Un telegrama escueto, casi una orden: “Envíenos más cerditos”.

No he visto en ningún lado una explicación de este fenómeno, pero se me ocurre una. En la narrativa, uno de los géneros primitivos fue la fábula, que asignaba a los animales comportamientos humanos. De manera análoga, en las primeras décadas de la animación se descubría la posibilidad de contar historias sin caricaturizar a nadie en particular, más bien asignando rasgos universales a animales antropomorfos.

Justamente, una de las primeras series animadas de buena recepción se llamó Las fábulas de Esopo. La produjo el dibujante Paul Terry a partir de 1920 y, aunque poco o nada tuviera que ver con Eso...

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Juan Carlos Garay

Autor de la novela "La nostálgia del melómano". Actualmente es el realizador del programa radial "La Onda Sonora", que transmite Radio Nacional de Colombia.

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