Google+
El Malpensante

Entrevistas

Elogio de la controversia

Una conversación con Victor Navasky

    


Victor Navasky, editor de The Nation hasta 2005 • Ilustraciones de Juan Pablo Gaviria 

 

"La semana ha sido particularmente estéril en cuanto a acontecimientos excitantes”. Podría parecer una broma pero esta fue en 1865 la primera frase, en la primera página, del primer número de The Nation, y con ella arrancó su andadura el semanario político más antiguo de Estados Unidos, fundado por abolicionistas y baluarte de la izquierda norteamericana inconformista. Cuando asumió la dirección de esta cabecera, en 1978, Victor Navasky tenía 46 años, un título de abogado de Yale y una irrefrenable pasión por las revistas satíricas y políticas. Aquel día, repasando el archivo, se topó con el atípico principio y desde entonces lo consideró un signo de inquebrantable valentía y honestidad.

La revista que recibió Navasky estaba en un momento particularmente bajo con apenas 25.000 suscriptores, 7.500 de los cuales no habían renovado. En el momento cumbre en sus casi treinta años al frente de la cabecera, que abarcaron desde la administración Carter hasta el primer mandato de Bush hijo, alcanzó a tener unos 180.000, que se mantenían de forma constante. Entonces llegó la Guerra de Irak y se duplicó la cifra. “Nuestro chiste en la redacción era decir que lo malo para el país es bueno para The Nation”, cuenta Navasky. A esas alturas él había pasado a ser propietario del semanario, desde que en 1994 el extravagante dueño, un corredor de bolsa de Wall Street ajeno a las ideas políticas de la revista, decidiera pasarle los trastos a buen precio. Navasky (siempre reacio a convertir la revista en una fundación, porque esto no les permitiría apoyar a ningún candidato político ni dedicar artículos a proponer cambios legislativos) tuvo que conseguir tres millones de dólares para un proyecto editorial que en 130 años de historia siempre había dado pérdidas, excepto en tres ocasiones. A todos los posibles inversionitas, Navasky les advertía que si iban a poner dinero en The Nation ni soñaran con recuperarlo. Pese a ello, logró meter en el embrollo a un muy distinguido socio...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Andrea Aguilar

Escribe a menudo en el diario El País. Desde el 2007, vive en Nueva York y trabaja como periodista freelance.

Noviembre de 2013
Edición No.147

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Un tropezón cualquiera da en la vida


Por Jaime Andrés Monsalve


Publicado en la edición

No. 207



Tal vez por presentarse antes de un mortal accidente aéreo, este encuentro entre el famoso tanguero y la policía de tránsito de Bogotá pasó inadvertido por mucho tie [...]

Para hacer un talismán


Por Olga Orozco


Publicado en la edición

No. 204



Una poema  [...]

La mamá del escritor


Por Santiago Gallego Franco


Publicado en la edición

No. 207



¿Quién fue Thelma Toole, a quien le debemos que La conjura de los necios, un clásico contemporáneo, haya visto la luz? [...]

Raúl le aúlla a la luna


Por Fernando Herrera Gómez


Publicado en la edición

No. 204



Sobre Gómez Jattin [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores