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El Malpensante

Breviario

Severo Sarduy: una impostura pintarrajeada

Desde que abandonó Cuba, en 1959, Severo Sarduy escribió cerca de mil cartas a su familia. En algunas de ellas da testimonio del poder de la música y la importancia que esta tuvo en su obra.

 

 © Stock Xchng

Nadie como un desterrado para dar testimonio del poder de la música para conmover y revelar hasta qué punto está hecha, más que de sonidos y silencios, de aquello que más se ha amado; hasta qué punto la música es la transubstanciación de un padre, una madre, un hijo, un hermano, un cónyuge, una época o un país perdidos o distantes. Hay canciones ilustradas: escucharlas es ver aparecer a alguien o algo.

Severo Sarduy (1937-1993) da testimonio de ese poder de la música en más de un libro y ahora, veintiun años después de su muerte, en algunas de las cartas que escribió a su familia desde el extranjero y que acaba de publicar, anotadas, su hermana Mercedes; cartas donde el hombre que abandonó Cuba el 12 de diciembre de 1959 y jamás regresó a ella dice escuchar y entonar canciones de la isla, evoca a su padre bailándolas y admite la emoción que todo eso le produce: 

París, 20 de enero de 1965 

A veces me pongo a pensar en ustedes, a tratar de imaginar cada centímetro de sus caras y sus voces. No los olvido. Ayer puse un disco cubano y me revolví un poco… Pero ya pasó. 

Sarduy recuerda desde una canción que escuchó en el kindergarten al que asistió su hermana hasta los anuncios cantados de la radio y la televisión cubanas de los años cincuenta. Ignora el lector no cubano, o el cubano ajeno a las letras del viejo cancionero popular de la isla, el sinnúmero de frases procedentes de ese cancionero que Sarduy, sin entrecomillar o recurrir a itálicas, inserta en su obra hasta convertirla en un hervidero de guiños. En la novela De donde son los cantantes desliza desde una frase de la espléndida “Salida de Cecilia Valdés”, zarzuela de Gonzalo Roig con libreto de Agustín Rodríguez y José Sánchez Arcilla, hasta una alusión a un hermoso villancico criollo de Gisela Hernández, es decir, que el repertorio de nostalgias abarca desde ritmos como el son, el danz&...

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