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El Malpensante

Breviario

Esperemos lo mejor, Ryszard

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Berlín, 1982. Se celebró en Berlín el festival Horizontes, dedicado a América Latina, y que ha sido la mayor exhibición que se haya hecho nunca jamás, por los siglos de los siglos, y tanto fuera como dentro de América Latina, de lo que fue y es ese continente. El programa incluyó, durante un largo mes, sociología, historia, pintura (¡la primera exposición integral de Frida Kahlo!), fotografía (¡la primera exposición integral de Tina Modotti!), teatro (Macunaíma de Brasil, La Candelaria de Colombia, Yuyachkani del Perú,), cine, ballet, literatura (los únicos en no acudir fueron Gabriel García Márquez y Julio Cortázar, pero éste se disculpó en una carta muy bella donde aludía a que se hallaba emprendiendo con Carol, su esposa, la aventura que terminaría reflejándose en Los autonautas de la cosmopista)... y música, música, música: el estreno del Tango alemán de Mauricio Kagel, conciertos de —entre otros— Hermeto Pascoal, Atahualpa Yupanqui, Ernesto Cavour, Gato Barbieri, Alirio Díaz, Raúl García Zárate y Astor Piazzolla (a quien el presentador alemán llamó “Pizzaiola”, ganándose la rechifla del público), y uno de salsa, en la Wald-bühne, el anfiteatro en medio de un bosque, detrás del Estadio Olímpico, un concierto extraúnico en el que intervinieron (ojo, que no les invento) Celia Cruz, Tito Puente, Mongo Santamaría, Willie Colón y Rubén Blades: ¿hay quién dé más?

Nada faltó en aquel acontecimiento irrepetible, al que también acudió invitado Juan Rulfo. El hotel donde se alojaba, el Schweizer Hof, quedaba a muy pocos minutos a pie del mío, y tomé la costumbre de irlo a buscar después del desayuno para charlar con él y salir a pasear. (A veces nos acompañaba Darcy Ribeiro, el antropólogo y escritor brasileño, fascinado por una tienda con una exposición gigantesca de árboles miniatura enfrente del hotel: “Vamos al Mato Grosso bonsái”, nos decía). Fue durante esos diálogos demorados cuando Rulfo me reveló su admiración por el suizo Ramuz, y el primero en recomendarme que leyese a mi tocayo Ryszard Kapuscinski, por aquel entonces un ilustre desconocido, pero no para él.

[Una mañana, cuando llegué al comedor de su hotel, me miró con sorna: “Me han dicho que ayer te vieron con la ...

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R Bada

Escritor y radiodifusor. Escribe para el diario El Espectador

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