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El Malpensante

Artículo

1886 - 1991

Una lectura económica de dos constituciones

La evolución institucional colombiana resulta, cuando menos, agridulce. Ha habido avances notables pero, según el autor, también estancamientos preocupantes. El balón sigue en el aire.

Los legados de la Constitución de 1886

 La Constitución de 1886 expiró después de 105 años de guiar el desarrollo político y económico de Colombia, para dar lugar a la nueva carta de 1991, la primera en la historia del país que surge de una negociación política y no de una derrota militar. A quince años de promulgada, hay que preguntarse si la nueva constitución podrá lograr la longevidad de la constitución conservadora. Esto dependerá, entre otras cosas, de la flexibilidad que muestren los actores políticos cuando surja la necesidad de adaptar las reglas de juego a nuevas condiciones y de que las reformas reflejen intereses generales. Puede decirse en todo caso que si la antigua constitución fue difícil de reformar —recuérdense los vanos intentos de Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay Ayala por cambiar el ineficiente sistema judicial—, en la nueva es muy sencillo introducir cambios. Esto último, sin embargo, diluye la defensa del interés general que tanta fuerza le dio a la constitución en sus comienzos.
 
La Constitución de 1886 significó el retorno de la sociedad colombiana a la matriz institucional hispánica de la que se había desprendido, con vacilaciones, a partir de la Independencia y de la que los liberales radicales se habían apartado aún más con la organización federal que tanto debilitó al poder central. La Constitución de 1886 implicó, primero que todo, un regreso a la idea monárquica de una mayor intervención económica por parte del Estado, si bien ésta no fue tan drástica como durante la Colonia, cuando había talanqueras al comercio, se cobraban impuestos altos y la Corona se reservaba los negocios más rentables.
 
Con todo y que era imposible volver al pasado colonial, Miguel Antonio Caro insistía en que Colombia no podía ni debía apartarse de la tradición hispánica de la cual era, según él, hija dilecta. La Independencia había desmantelado la estructura tributaria, que pasó de capturar cerca del 12% del PIB en 1810 (incluyendo los diezmos para la Iglesia) a capturar el 4 o 5% del PIB a lo largo del siglo XIX. El beneficio de la Independencia fue esta menor tributación, mientras que el costo fue una pérdida de orden político que prácticamente impidió el desarrollo económico hasta entrado el siglo XX. Los liberales abolieron la esclavitud...

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Salomón Kalmanovitz

(Barranquilla, 1943) fue codirector del Banco de la República y actualmente es decano de la Facultad de Economía de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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