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El Malpensante

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El banco de los pobres

El reciente otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a Muhammad Yunus puso el reflector de la actualidad sobre unas ideas que desde hace treinta años están transformando no sólo la manera de ver las microfinanzas en el mundo, sino quizá la propia visión que se tiene del alcance del capitalismo. ...

INTRO: El reciente otorgamiento del Premio Nobel de la Paz a Muhammad Yunus puso el reflector de la actualidad sobre unas ideas que desde hace treinta años están transformando no sólo la manera de ver las microfinanzas en el mundo, sino quizá la propia visión que se tiene del alcance del capitalismo. A su alrededor se ha desatado una intensa, acre y necesaria polémica. El modelo ensayado con éxito en Bangladesh por Yunus y por el Banco Grameen puede ser replicable o no en Colombia, pero lo que obviamente no se puede hacer es ignorarlo. De ahí que a continuación publiquemos no uno, sino dos textos del famoso banquero y profesor asiático. Agradecemos los permisos dados por la Fundación Rafael del Pino y por la Fundación Nobel.

 

 

¿Cómo funciona el Banco Grameen? ¿Por qué es diferente de todos los demás bancos? Primero quiero dejar claro que no soy banquero, no he sido formado como banquero ni pensé jamás convertirme en banquero. Por tanto, en lo que me vi involucrado fue en algo más o menos accidental, obligado por las circunstancias. Bangladesh se independizó en 1971. Nos ilusionó muchísimo. Finalmente habíamos salido de un tipo de relación que no funcionaba con Paquistán. Por fin podíamos tomar nuestras propias decisiones políticas, podíamos diseñar nuestra sociedad a nuestro gusto y convertirnos en la nación de nuestros sueños. Pero como pasa con todos los sueños, especialmente con los sueños de las naciones recientemente independientes, se pueden convertir en pesadillas. No siempre se dirigen en la dirección esperada. Esto mismo pasó en los primeros años de Bangladesh. En lugar de mejorar nuestra situación económica, cundió la hambruna en el país. Muchas personas murieron.

En esa época yo daba clases en una de las universidades de Bangladesh. No sienta bien, no es agradable enseñar economía en el aula, explicar a los alumnos las elegantes teorías y cómo pueden resolver todos los problemas económicos, y luego salir a la calle y no ver más que hambre y desolación. Uno se pregunta para qué valen las teorías económicas de los libros de texto si no son útiles para las personas que están muriéndose o a punto de morir, y no por alguna enfermedad en particular: se mueren porque simplemente no tienen un poco de comida. Por tanto, me sentí muy inquieto, como muchos otros en Bangladesh que ...

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