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El Malpensante

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La tribu que entierra su dialecto

Ayer, 17 de diciembre, Raúl Castro y Barack Obama anunciaron el reestablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. ¿Cómo han sido las primeras horas desde el histórico anuncio? ¿Cambiará drásticamente el panorama cultural y político después de 53 años de bloqueo? ¿Qué viene ahora para el pueblo cubano? Un joven periodista cuenta su versión desde La Habana.

 

No estoy más feliz que acobardado, y tal como suele suceder cada vez que euforia y miedo se amalgaman, el resultado final es la estupefacción. Este 17 de diciembre, como casi siempre, yo me había despertado sobre el mediodía. Y mientras me aseaba, Barack Obama y Raúl Castro le anunciaban al mundo que, después de cincuenta y tres años de ruptura antagónica, Estados Unidos y Cuba reestablecerían relaciones diplomáticas. Resulta obvio que para los estadounidenses no es una noticia de la misma magnitud que para los cubanos. De ahí que probablemente ningún gringo esté ahora, tras el anuncio, desconcertado, preguntándose qué cosa es lo que está sucediendo o qué cosa es lo que va a suceder.

En cambio nosotros –campeones de la altisonancia, que hemos pretendido hacer de la épica una rutina, que no hemos vacilado en catalogar de suceso histórico cualquier escaramuza ideológica o cualquier intempestivo capricho del gobierno– estamos comiéndonos a preguntas en tiempo real, haciendo conjeturas, o buscando algo de claridad en la opinión del prójimo de un modo que nunca antes se nos había visto. Cuba acarició una vez el sueño magnífico dela Revolución, y de cuánto han querido alargarlo se desprende todo nuestro drama. Mis padres, y lo que vino después de mis padres, por duro que suene, ha vivido en ese alargamiento. Hoy lo hemos confirmado. Es como si después de tanto coquetear aprendiéramos repentinamente que, cuando la historia aparece, aparece en serio. Y por más que digan que a los acontecimientos hay que soltarles cordel y pensarlos con frialdad, en estas apretadas veinticuatro horas yo he creído ver una maqueta de lo que se avecina, una estantería repleta de símbolos.

La primera gran prueba del cisma que acaba de ocurrir entre los cubanos habría que buscarla en nuestra psique. No estamos ante un hecho que redireccionará solo nuestra realidad económica o cultural o social, que ya es bastante, sino ante un hecho que nos obligará a renovar nuestro lenguaje, las palabras que solemos usar, los conceptos en que nos fuimos acomodando como pueblo. Cambiado de porrazo el discurso oficial, ya cambia también, de un modo que nos asusta, la relación y el diálogo de cada uno de nosotros con ese poder, sea lo que sea que nos inspire: confianza, amor, odio, decepción, entusiasmo, hast&iacu...

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Carlos Manuel Álvarez

Es columnista de OnCuba. En 2013, publicó el libro de relatos "La tarde de los sucesos definitivos". En 2014, fue finalista del Premio de Crónica Nuevas Plumas.

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