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El Malpensante

Breviario

Razón y sinrazón de las justas literarias

    

©Pete McArthur | Corbis

 

Los trovadores franceses y los ateneos de provincia los llaman o los llamaban con uno de esos nombres que se pronuncian ladeando un poco la sonrisa: juegos florales. El nombre, sin embargo, tenía su sentido ya que a los bardos ganadores se les entregaba una pequeña flor. Tal flor era artificial, pero de oro, por lo que no era imposible intercambiarla por un beso real con alguna doncella o doncel de esos que siempre andan detrás de aquilatados versos y alborozados vates. Ganar los juegos florales significa ganar prestigio, flores y alabanzas, quizás besos, y por eso siguen y seguirán existiendo.

 

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Héctor Abad Faciolince

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