Google+
El Malpensante

Literatura

Algunas lecciones de Proust

En busca del tiempo perdido es una de las novelas fundamentales del siglo XX. Después de una cuidadosa relectura, el autor de este ensayo arroja una luz distinta sobre la esencia de la obra y repara en su condición reveladora acerca del género novelístico.

Ilustración de Lehel Kóvacs

 

Si las tres mil páginas de En busca del tiempo perdido tienen un tema, no creo que sea ni el tiempo ni su pérdida ni su recuperación, sino una corriente subterránea que atraviesa toda la novela y que solo al final, como una ballena buscando oxígeno, rompe la superficie: la construcción de un novelista. Alguno de los volúmenes de la novela podría haberse titulado Retrato del artista adolescente; otro, Cartas a un joven poeta; pero lo que se cuenta en la novela entera es el elaborado nacimiento de una sensibilidad, y lo que los lectores presenciamos, atónitos, son las lecciones múltiples que ese nacimiento puede darnos. En Por el camino de Swann, el narrador lee una novela de Bergotte, el escritor (no tan) ficticio inventado por Proust como Joyce inventó a Stephen Dedalus o como Cortázar, en Rayuela, inventó a Morelli. Y encontramos este párrafo:

Uno de aquellos pasajes de Bergotte, el tercero o el cuarto que hube aislado del resto, me produjo una dicha incomparable con la que había encontrado en el primero, una dicha que llegué a sentir en una región más profunda de mí mismo, más sólida, más vasta, de la cual los obstáculos y las separaciones parecían haber sido retirados. Al reconocer entonces el mismo gusto por las expresiones raras, la misma efusión musical, la misma filosofía idealista que había sido en otras ocasiones, sin que yo me diera cuenta, la causa de mi placer, dejé de tener la impresión de un trozo particular de un cierto libro de Bergotte, común a todos sus libros y al cual todos los pasajes análogos que con él se confundían darían una suerte de espesor, de volumen, que parecía ensancharme el espíritu.

No sorprenderé a nadie, y menos a un lector de...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Juan Gabriel Vásquez

Recibió en 2011, el Premio Alfaguara de Novela por 'El ruido de las cosas al caer'.

Diciembre de 2014
Edición No.159

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

La escritura como seducción

Por El Malpensante

3

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

La helada


Por Claudia Masin


Publicado en la edición

No. 211



Primer poema tempestuoso. [...]

Monos, la oscuridad fotogénica


Por Jacobo Cardona Echeverri


Publicado en la edición

No. 211



La película de Alejandro Landes entiende la violencia como un impulso que viene de la nada. Sin embargo, se pregunta el autor de este texto, ¿habrá algo más racional que la [...]

Cocinar en mexicano


Por Julio Patán


Publicado en la edición

No. 206



Poder ver lo que se tiene enfrente es una facultad muy rara, pero es la mitad del éxito de las altas cocinas regionales. Aquí el rico caso de México, cuyos chefs de vanguardia tie [...]

El ruido y las nueces


Por Jaime Andrés Monsalve


Publicado en la edición

No. 223



Una columna musical de Jaime Andrés Monsalve.   “La piragua”, el clásico tema de José Barros, sonó por primera vez en Cuba gracias al secuestro de un avi [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores