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El Malpensante

Literatura

Ribeyro en su terraza

Flaco hasta los huesos y casi siempre adusto, Julio Ramón Ribeyro lucía a flor de piel sus malestares internos. Este retrato coral, tomado del libro Un hombre flaco, revela otros rostros del más reconocido cuentista peruano. 

© Herman Schwarz

 

La fotografía es de mediados de 1994. Julio Ramón Ribeyro está de pie, en la terraza de su departamento de un sexto piso en el distrito de Barranco, en Lima. Parece una estaca con las manos en los bolsillos y mirando el mar. Se lo ve tan delgado que cualquier brisa lo podría alzar como un pañuelo. Sonríe o hace una mueca tímida con la boca, escondiendo los dientes amarillos por el tabaco, bajo esa nariz afilada como un anzuelo, bajo ese tupido bigote que se ha dejado en los últimos meses, sin razón aparente. “Cada escritor tiene la cara de su obra”, escribió. Su frente es amplia. En la fotografía lleva una camisa que parece apta para un cuerpo más robusto, en la que podría entrar otro Ribeyro, y un pantalón marrón aferrado a la cintura por una correa exhausta. Quizá sospeche que pronto va a morir, pero parece absorto en un recuerdo afortunado, y tal vez por eso las arrugas en su rostro no muestran a un hombre viejo y, en cambio, congelan un instante feliz: un hombre mirando el mar, un escritor de cara a la eternidad.

–Se lo veía flaquísimo –me dijo un día Herman Schwarz, autor de la foto–, pero siempre había sido así.

Como el personaje de la novela La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa, Ribeyro era un hombre tan flaco que parecía siempre de perfil. (...) El escritor Guillermo Niño de Guzmán, uno de sus amigos más íntimos en esos años, lo recordó así en la revista mexicana Letras Libres, en 2003: “Al llegar a su casa [...] lo encontraba, invariablemente, con su cigarrillo humeante y una copa de vino tinto, mirando el mar cubierto por la neblina pertinaz de Barranco. En su rostro aleteaba la impaciencia de alguien que ha estado encerrado varios días y que por fin ha decidido reanudar su vínculo con el mundo”.

La foto de Schwarz fue tomada en 1994. Cinco años antes, con la idea de abandonar París, donde había vivido desde 1960, Ribeyro había comprado ese departamento y empezado una mudanza progresiva hasta que se instaló definitivamente en Lima en 1992. Dejó en París a su esposa, Alida, que desde allí viajaba a Japón, a Israel, a Suiza, vendiendo cuadros y retornando siempre a su departamento del Parc Monceau, 260 metros cuadrados, tres dormitorios, dos baños, un living y un com...

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