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El Malpensante

Crónica

Tres postales de Egipto

Árboles que brotan en medio del desierto, matrimonios que duran lo que la pareja se tarda en consumarlos y un culto pop a un militar con poco carisma. Estas breves piezas esbozan una versión de El Cairo alejada de la ruta turística de los faraones y las pirámides

©Yves Gellie •Getty• Plantación en el desierto al sur del país, cerca de la represa de Toshk

 

1. Matrimonios de una noche

La policía secreta llega a las tres de la mañana. Apenas es mi tercera noche en El Cairo y aún lidio con los efectos del jet lag. Por puros reflejos, cuando timbran, me asomo a través de la mirilla y sin ver nada o a nadie abro la puerta. En frente está un hombre de mi estatura, macizo, cuadrado. Mientras voy cayendo en cuenta de mi error, detrás de él aparecen las siluetas de otros cinco o seis tipos, vestidos de civil pero con un inconfundible porte militar. Antes de que pueda reaccionar me apartan de la puerta, entran al apartamento y mi perplejidad da paso al pánico. El primero se acerca, me habla en árabe. Me llega su aliento mezclado con un fuerte perfume.

Al responderle, las palabras me salen enrarecidas por el miedo. Él me repite su pregunta una y otra vez, impacientándose, mientras los otros se dispersan por el apartamento. De pronto me salen las codiciadas palabras, pero en inglés: “No hablo árabe”. Entonces suelta una risita incrédula y me grita: “¡Pasaporte!”. Tiene un radio en la mano y una pistola al cinto. Me convenzo de que no son simples ladrones, lo cual solo empeora la situación.

Comparto el apartamento con otras seis personas. Está Mahmud, el jordano que estudia negocios; Luba, la voluntariosa rusa que dejó su trabajo y su país decidida a conectarse con el mundo del cine egipcio; Gertrude y Esther, un par de alemanas que trabajan con la Cámara de Comercio; Simone, una francesa que se dedica a viajar por el mundo árabe, y que siempre se anda comparando con el judío errante (antes vivió en Siria y dejó una guerra en aquel lugar), y Tarek, el único egipcio, el amable fisiculturista que se acuesta con Simone.

Escucho gritos, una mezcla de árabe e inglés. Las voces árabes hablan con un tono mesurado pero imperioso. Simone grita enloquecida (se me ocurre que vienen por Tarek, tal vez es un espía). De pronto escucho los gritos de Simone atravesando el pasillo, tras ella se acerca Tarek. Los tipos lo sostienen entre una maraña de brazos. Él sonríe, suena como si estuviera bromeando con ellos, luego hay un torbellino de disculpas a medias y, tan rápido como pasa todo, se van....

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Karim Ganem Maloof

Abogado y literato, becario de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Es el editor de la revista El Malpensante.

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