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El Malpensante

Reseñas

La segunda infancia de Alejandro Rossi

s

 

Edén.
Vida imaginada
Alejandro Rossi
FCF
2006
 
El progreso, al menos en literatura, es una noción sospechosa. Crecer en línea ascendente —una obsesión de estos tiempos modernos— no siempre es lo determinante en el vasto campo de la creación artística. A la vera de tendencias mayúsculas, movimientos multiabarcantes o promociones volcadas a determinados desarrollos, las corrientes menores, descreídas y poco pomposas cultivan una salud envidiable. Se diría que en la combinación de lo más visible y de lo que quiere permanecer más bien invisible, el cuerpo cobra vida y recorre su camino. Pero esas tendencias menores —precisamente por su condición invisible— cautivan cada vez más por lo que tienen de extrañas, singulares, apetitosas. Incluso se ha dado el caso de obras que, naciendo a contracorriente y de espaldas a la tradición que las engloba —piénsese, por ejemplo, en Borges, en sus inicios un humilde cultor de poemas y relatos breves—, terminan siendo mayores y hasta canónicas. Al menos desde la aparición de Los raros, en el que por cierto Rubén Darío apenas se detiene a examinar el caso de escritores iberoamericanos, la vida y recorrido de la subespecie goza de mayor salud que la que normalmente le endilgamos. Raros clásicos ya son el mexicano Julio Torri, el argentino Antonio Porchia, el uruguayo Felisberto Hernández, el venezolano Ramos Sucre, y a su manera también planetas tan disímiles como Juan Rulfo en el norte o José Bianco en el sur. Pero raros siguen emergiendo a la superficie con el esplendor de su extrañeza a cuestas, y recientes descubrimientos editoriales dan cuenta del singular poeta argentino Héctor Viel Temperley —un posible álter ego sureño de Gottfried Benn—, del surrealista chileno avant la lettre Omar Cáceres o de un aforista colombiano secreto y empedernido como Nicolás Gómez Dávila.
 
En el caso de Alejandro Rossi (1932), la rareza confluye además con otras variables determinantes: inteligencia, hondura de pensamiento, limpidez del lenguaje, voluntaria indefinición genérica y no pocas dosis de humor. De madre venezolana (cuya ascendencia, bueno es recordarlo, se remonta hasta el general José Antonio P&aacut...

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