Google+
El Malpensante

Artículo

Español, no castellano

A pesar de los intentos de la Real Academia por someter el idioma a una reglamentación estrecha y anquilosada, el español tiene la rara suerte de reinventarse simultáneamente en culturas muy diversas. A esa lengua viva y felizmente bastarda está dedicado este texto, preámbulo del Manual de escritura lanzado por Libros Malpensante en el pasado mes de agosto.

Ilustración de Eva Vázquez

 

El punto de partida de un manual de escritura es el idioma, en nuestro caso, el español. En España, la cuna de este maravilloso vehículo de expresión, existe una polémica sobre el nombre, pues algunos prefieren llamarlo castellano para no herir la susceptibilidad de las otras naciones y regiones de la península. Semejante polémica resulta absurda en América Latina. Lo que hablamos los 350 millones de personas que vivimos al sur del Río Bravo y al oeste de Brasil es español, no castellano, por la simple razón de que no fuimos colonizados mayoritariamente por castellanos –que sí abundaban entre los altos dignatarios de la Colonia–, sino por gentes de toda la península: andaluces, extremeños, canarios, asturianos, murcianos, toledanos, cántabros, navarros, incluso catalanes, vascos y gallegos hispanohablantes, y me quedo corto. Todos ellos nos dejaron sus virtudes y sus vicios, además de su idioma, que ya en el nuevo continente sufrió transformaciones importantes, aunque nunca radicales. En Argentina se habló lunfardo unas pocas décadas, y en tal cual reducto de esclavos cimarrones, digamos San Basilio de Palenque en la Costa Caribe colombiana, se llegó a usar un dialecto difícil de entender, pero ambos fenómenos tuvieron corta vida.

La Real Academia Española (RAE en adelante) es, como su nombre lo indica, una institución de raigambre monárquica y peninsular. Surgió por razones ideológicas que no podemos discutir aquí y, desde un principio, ancló su ideario en la profunda desconfianza que causaban en la Corona del siglo XVIII las formas de hablar y de escribir de la gente del común. Al referirse a ellos, los académicos los llamaban “el vulgo”, palabra de obvia connotación despectiva. Pasaron dos siglos y medio y subsistió, morigerada y matizada, esta desconfianza, la cual por décadas fue dirigida con particular énfasis a los latinoamericanos. Ya para los años cincuenta del siglo XX y tras algunas escaramuzas como la que enfrentó a Borges con Américo Castro, se decía que la supervisión académica del idioma era necesaria porque este se hallaba en peligro de desintegración. Pasó otro medio siglo y la unidad del español no aparece amenazad...

El contenido de esta sección está disponible solo para suscriptores

Comentarios a esta entrada

Su comentario

Andrés Hoyos

Es columnista de El Espectador y fundador de la revista El Malpensante.

Septiembre 2015
Edición No.167

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

Taller Malpensante de Escritura

Por El Malpensante

3

La escritura como seducción

Por El Malpensante

4

Un débil abrazo

Por Carlos Páramo

5

En la muerte de los blasfemos

Por Mario Jursich Durán

1

Salir con chicas que no leen/ Salir con chicas que leen

Por Charles Warnke

2

El calígrafo

Por Alexandru Ecovoiu

3

Sombra

Por Ruven Afanador

4

Loca carrera de los optimistas

Por

5

El proletariado de los dioses

Por Paul Brito

1

Nuestro Archivo

1 de 4

Raúl le aúlla a la luna


Por Fernando Herrera Gómez


Publicado en la edición

No. 204



Sobre Gómez Jattin [...]

Yo no maté a Rubén Blades


Por Daniel Centeno Maldonado


Publicado en la edición

No. 204



Perfil del abogado, ministro y cazador de zombis que revolucionó la salsa. [...]

El festival internacional de cine sin Cartagena


Por Teresita Goyeneche


Publicado en la edición

No. 203



¿Por qué uno de los eventos cinematográficos más longevos e importantes de Latinoamérica no promueve el trabajo de realizadores de Cartagena, la ciudad que le sirve [...]

Clubland


Por Ignacio Peyró


Publicado en la edición

No. 206



Un prosélito español disecciona los méritos culinarios de la conservadora cocina de los clubes ingleses, casas lejos de casa, y las comodidades palaciegas que otorga su membres&ia [...]

Columnas

Poetour en una ciudad andina

Esperando a Cantinflas

La cueca larga del anti-poeta

La comba del palo

Las Marías y sus seguidores