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El Malpensante

Coda

¡Basta de leer!

Los programas de fomento a la lectura han demostrado ser ineficaces y, en algunos casos, contraproducentes. Las razones podrían estar en lugares distintos a la evidente saturación de distracciones que marca nuestra época. ¿Qué se puede hacer para cambiar tal panorama?

©Corbis • Blue Lanterns Studio

Los discursos moralistas están en franco repliegue. La admonición, el sermoneo, la prédica aleccionadora, declinan bajo la flexibilidad de las costumbres y la ampliación de criterios tan propias de la sociedad contemporánea. Junto con la moralina retrocede, se diría que por necesidad, su aliada inseparable, su virtual hermana siamesa: la hipocresía total. Porque una regla frecuente, y de tan frecuente casi infaltable, ha sido que por detrás de los parloteos rígidos y estrictos se ocultan los procederes más abyectos y retorcidos. O al menos, en todo caso, esta simple verificación: que entre aquellos más proclives a sentenciar reglas sobre lo que debe hacerse, escasea el cumplimiento de esas mismas reglas que imparten.

Curiosamente la lectura, un hábito tan restringido, es un asunto en torno del cual los discursos del moralismo perduran. Se oye por todas partes, a cada momento, sobre lo bueno que es leer y lo preocupante que es que se lea tan poco. En la televisión, en las conversaciones de oficina, en las reuniones de padres en los colegios, en las mesas redondas de las ferias del libro aflora ese machacar: el lamento porque “los chicos no leen”, el consejo de que lean, las promesas fehacientes sobre los beneficios que la lectura por sí misma deparará a los jóvenes (la inteligencia, el conocimiento, el florecimiento de la imaginación, la erradicación de los errores de ortografía).

Aclaro que mi opinión personal es en general favorable a la lectura (aunque entrando en particularidades, podría llegar a vacilar). Desconfío, sin embargo, de los apostrofamientos al uso, de todo lo que se enuncie con tonalidades de púlpito (haciendo brillar virtudes y tronar escarmientos). Por eso acabo de citar así: “los chicos no leen, los chicos no leen”, apuntando a la manera en que los desvelos por este tema tienden a encuadrarlo como un problema de adolescentes, de hijos o de alumnos: un flagelo juvenil. No obstante, si se piensa que el problema es que “los chicos no leen”, no es sino para favorecer la impresión de que los adultos sí, que los padres y los profesores sí lo hacen.

Las reuniones de padres en los colegios son una ocasión privilegiada para el despliegue de esta clase de puesta en escena: acuden preocupados, pesarosos, mortificado...

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Martín Kohan

Es profesor de teoría literaria en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de la Patagonia. En 2007, ganó el Premio Herralde con la novela "Ciencias morales".

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