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El Malpensante

Entrevistas

Técnicas para desaparecer

Una entrevista con Eduardo Lago

Malpaso Ediciones acaba de publicar Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee, la segunda novela de Eduardo Lago. Durante su visita a Colombia para presentar esta peculiar obra, el autor recorrió con El Malpensante el curso sinuoso de su relación con la literatura y sus ideas sobre el futuro de la ficción.

Fotografía de Diana O'Higgins

 

Es un lugar común decir que un escritor es primero un lector, pero en el caso de Eduardo Lago tal obviedad adquiere otra dimensión. Desde joven, Lago se dedicó a las letras. En 1987 llegó a Nueva York. Por esos días ultimaba la traducción de El plantador de tabaco de John Barth, una monumental obra de mil páginas que le costó alrededor de cinco años de trabajo. Un esfuerzo agotador. Entonces fue cuando decidió dejar indefinidamente ese oficio que “vampirizaba su escritura”. Se asentó en la ciudad, logró un doctorado en literatura, se convirtió en crítico, en un agudo ensayista y docente. Trabajó para diversos medios reseñando libros y entrevistando a varios de los más grandes escritores de las últimas décadas. Incluso dirigió durante algunos años el Instituto Cervantes de Nueva York, desde donde impulsó proyectos en torno al lenguaje y se codeó con el mundillo literario.

Finalmente, en 2006, se estrenó como novelista, y su ópera prima, Llámame Brooklyn, recibió como corolarios la aprobación de la crítica y un prestigioso premio en su España natal. Fue por esa época que fundó junto con algunos amigos escritores la Orden de Finnegans, un grupo que cultiva la “vía difícil de la literatura” y que se reúne en Dublín cada Bloomsday para venerar el Ulises de Joyce.

Así estaban las cosas (con Lago participando en inofensivas sectas literarias), cuando alguien le dijo que lo que él había escrito le recordaba una obra póstuma de Nabokov, El original de Laura, una nouvelle inconclusa y harto menospreciada que el hijo del ruso, Dmitri, había editado en contra de la última voluntad del padre. Lago la buscó, la leyó de un tirón y pensó que ese alguien tenía razón. Durante tres años volvió cerca de sesenta veces a las fichas de ese texto truncado para descubrir qué era lo que lo obsesionaba.

El producto de su inmersión es Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee, una obra difícil de enmarcar en un género: una novela negra en clave de farsa, en la que un escritor profesional y un negro literario planean rec...

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