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El Malpensante

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ABC de Erik Satie

Llena de tropiezos y giros, rodeada de afectos y críticas provenientes de la bohemia parisina, marcada por una genialidad incomprendida, así transcurrió la vida de Erik Satie. Este diccionario personal esboza los ires y venires de uno de los más representativos y excéntricos compositores franceses de principios del siglo XX.

 

Ilustración de Jérôme Mireault

 

Academia (1)

Es 1880 y Satie asiste por segunda vez al Conservatorio de París, persuadido por su padre y su madrastra. Sus aptitudes a primera vista son casi nulas y por la planilla de asistencia pareciera ser más un prófugo que un alumno. Cuando toca el Concierto para piano Nº 2 en re menor de Mendelssohn sus profesores dicen, entre otras cosas, que “es el estudiante más perezoso del conservatorio, [pero] tiene excelentes cualidades que podría desarrollar con trabajo”, “carece de color”, “flojo; común. Pésima lectura”.

En 1882 es expulsado por su falta de compromiso con la institución. Años más tarde, Satie le escribirá una carta al director diciéndole: “…con su ignorancia me han hecho detestar el curso de arte que enseñan, y gracias a su inexplicable brutalidad me han hecho despreciarlos por largo tiempo”.

 

Academia (2)

Al borde de cumplir cuarenta años, en 1905, Satie vuelve a la vida académica matriculándose en la Schola Cantorum para estudiar orquestación y contrapunto. En medio de las burlas de músicos y compositores que ven con malos ojos su regreso a clases, Debussy le espeta que a esa edad “ya no se puede cambiar de piel”.

La institución le abre las puertas luego de que él suplique por una beca: “Soy un artista pobre agobiado por las dificultades de la vida; por eso, me resulta absolutamente imposible pagar la matrícula exigida a los estudiantes que siguen este curso”.

 

Activismo

En 1908, Satie se afilia al Partido Radical Socialista y presta diversos servicios caritativos llevando a niños de Arcueil al campo y ofreciendo clases de música todos los domingos a las diez de la mañana.

 

Alimentación

Afirma que solo come alimentos blancos: mohos de fruta, coco, pollo cocido en agua blanca, huevos, azúcar, huesos rallados. Que tiene buen apetito y come para sí mismo sin ser egoísta. Que bebe el vino frío.

Pasa horas en los cabarets degustando aperitivos y acompaña las conversaciones con café, que pide uno tras otro agregándole un poco de coñac...

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Rubén Darío Higuera

Estudió periodismo, música y literatura. Fue editor de la revista Cartel Urbano. Ha escrito para las revistas Esquire, Bocas y Don Juan

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