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El Malpensante

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Lo tuyo es mío

El lado siniestro de la economía colaborativa

Traducción de Karim Ganem Maloof

Con internet han surgido nuevos modelos de negocio que amenazan las formas más tradicionales de la industria. En nuestro país, Uber ha sido uno de los protagonistas recientes de esta disputa: compañías que se benefician de una imagen altruista y de un progresismo del nuevo milenio y que, por su misma novedad, dejan perplejas a las autoridades que deben regularlas.

 

© Ilustración de Nick Dewar • Corbis

 

Una nueva ola de empresas tecnológicas pretende estar expandiendo las posibilidades de compartir y colaborar, y está chocando con sólidas industrias como la hotelera y la del transporte. Tales empresas conforman lo que se ha denominado “economía colaborativa”: proveen sitios web y aplicaciones a través de las cuales personas del común pueden “compartir” su apartamento o su carro con un huésped, a cambio de dinero.

Las industrias amenazadas por esta nueva tendencia han estado sujetas, desde hace mucho, a las normas de protección al consumidor y zonificación municipal, pero los defensores de la economía colaborativa afirman que tales normas se han vuelto obsoletas gracias a internet. Las nuevas empresas y los gobiernos locales marcan su territorio y se preparan para la batalla. ¿Qué posición debería asumir el buen izquierdista sobre el tema?

Para descubrirlo, debemos fijarnos en la naturaleza de la economía colaborativa. Algunos dirán que esta encaja a la perfección dentro de una ideología de libre mercado sin regulación, como la describió recientemente David Golumbia en Jacobin. Otros destacan que la gente involucrada en la industria tecnológica norteamericana se inclina hacia el liberalismo. También existe una clara división entre la posición europea y la norteamericana dentro del sector: mientras los segundos manejan la iniciativa de forma empresarial y comercial, los primeros se enfocan más en la parte cívica, cooperativa y no comercial.

La economía colaborativa invoca valores familiares para muchos en la izquierda: descentralización, sostenibilidad, conexiones a nivel comunitario y oposición a regímenes jerárquicos y estrictamente regulados, como se aprecia claramente en la biblia del movimiento: What’s Mine is Yours: The Rise of Collaborative Consumption, de Rachel Botsman y Roo Rogers. También maneja la jerga de las cooperativas y los grupos cívicos.

Además, el movimiento tiene un ángulo ecológico: la idea de “compartir en lugar de tener propiedad” apela a la sostenibilidad, al mismo tiempo que apunta a sentimientos anticonsumistas ...

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Tom Slee

Escribe sobre temas de tecnología y comercio. En 2015, publicó What?s Yours Is Mine: Against the Sharing Economy.

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