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El Malpensante

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Historia íntima de La Florida

En noviembre pasado, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural de Bogotá publicó El impúdico brebaje. Los cafés de Bogotá, 1866-2015. Estas dos piezas tomadas del libro sintetizan el valor documental, la perspectiva histórica y la vitalidad actual de esos espacios esenciales en la vida bogotana. La primera de ellas se detiene en La Florida, una pastelería inaugurada a mediados de los años treinta por José Granés Mont –abuelo del autor–, que sigue viva tres generaciones más tarde. Es una historia de inmigración y supervivencia, marcada por el franquismo, las recetas de repostería europea y el Bogotazo.

© Archivo familia Granés

Debe ser algo de familia. Diez años antes de que mi abuelo paterno llegara a Colombia a trabajar como panadero y a montar su propio café, mi abuelo materno, Rafael Maya, se reunía con sus amigos poetas, Los Nuevos, en el Windsor de la 13 con séptima a hacer lo que hacían los poetas en los cafés: ponerse al día en noticias y lecturas, promover nuevas ideas y conspirar contra las sensibilidades rivales. Seguramente mi papá tuvo el mismo vicio toda la vida, pero solo hasta que nos mudamos de La Soledad al Antiguo Country y empecé a acompañarlo en las tardes a Pastel, un café de barrio regentado por el dueño de dos terranovas inmensos, vi la importancia que para él tenía el rito vespertino de ensimismarse revolviendo una taza de café. Separado de mi mamá y de regreso en La Soledad, entre 1995 y 2006 mi papá cruzó el Park Way cada tarde y cada noche para tomar tinto y alimentarse en el Café de la Luna Lela. Tan familiar se hizo su presencia que cuando empecé a acompañarlo no tardé en ennoviarme con la dueña y convertirme, al igual que él, en parte del decorado. El nombre de aquel café era un guiño a la “Balada de los búhos estáticos”, un poema de León de Greiff, otro fundador de Los Nuevos y gran amigo de mi abuelo poeta. Desde el Windsor a la Luna Lela, mi familia ha estado vinculada a los cafés bogotanos, pero si hoy escribo esta crónica es porque mi abuelo paterno, José Granés Mont, fundó una de las pastelerías más longevas y legendarias de Bogotá: La Florida.

En esta historia hay tantos datos como suposiciones y tantos hechos como mitos. Hay cosas que sé y otras que apenas alcanzo a deducir, o intuir, o imaginar, pero tratándose de La Florida, un lugar que debe su fama a un gran secreto con tintes de leyenda, la receta del chocolate, creo que puedo darme ciertas licencias y fundir la información que he logrado extraer de documentos y manuscritos con los cuentos y recuerdos que tantas veces oí contar en mi familia. Entre las cosas que sé a ciencia cierta, por ejemplo, está la fecha en que mi abuelo vislumbró por primera vez la posibilidad de viajar a Colombia. El 10 de septiembre de 1932, José Granés Mont recibió un radiograma de algún representante de La Palma...

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