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El Malpensante

Breviario

Información: la objetividad existe

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La versión original de este texto es de 1982: salió en el número de diciembre de la revista Le Point. Aunque parece increíble, conserva toda su carnosa actualidad, y por eso lo reproducimos para los lectores.

De todos los tópicos que llenan los cere­bros humanos, hay uno cuyo sentencioso enunciado despierta regularmente entre toda asistencia un estremecimiento apro­bador: “La objetividad no existe”. En la información, se entiende. Al parecer, existe o puede existir en la política, el sindicalismo, la diplomacia, los negocios, la cultura, la justicia. Pero por principio la misma posibilidad se niega a los únicos profesionales cuyo oficio consiste precisamente en intentar dar una información exacta. Por una misteriosa ley natural, parece como si informar fuese algo que procede de un relativismo absoluto y que vive gracias a él. Los periodistas deberían, pues, limitar su ambición a yuxtaponer puntos de vista, entre los cuales elegiría el público.
 
Entre los países en los que el poder político esclaviza la comunicación y aquellos en los que cede un margen variable de independencia, parece que sólo puede haber una única diferencia: en el segundo caso los ciudadanos disponen de un abanico de visiones subjetivas de la realidad. Su única ventaja sobre los ciudadanos de los regímenes dictatoriales consistiría, según eso, en la posibilidad de optar por su visión preferida, en lugar de tragarse, a falta de otra, la interpretación oficial de los hechos. Su privilegio no consistiría, pues, en la posibilidad de poseer una información más verídica, más honrada, más completa. El despliegue supremo de la comunicación libre residiría tan sólo en el pluralismo de las afirmaciones gratuitas, no en la información seria. La paradoja de este lugar común que se supone profundo es lo bien acogido que es a veces por los mismos periodistas.
 
Desde el juez Bridoye, que en Rabelais decide sus sentencias a los dados, raras veces se ha oído que los magistrados afirmaran que el derecho se inspira en el puro azar, o que los médicos pusieran ante los ojos del paciente una cincuentena de recetas, a discreción, arguyendo que todas venían a ser lo mismo, y que para cumplir con su deber les basta con garantizar el “pluralismo” terapéutico.
 
¿Cómo es posible que un periodista pueda llegar a decir que la información ...

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(Francia, 1924-2006), filósofo, gastrónomo y polemista.

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