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El Malpensante

Ficción

Homenaje a John Cazale

Un cuento de Rodrigo Blanco Calderón.

 

© Ilustración Santiago Guevara

Cuando capturaron a Humberto en Aruba, ya yo estaba en Buenos Aires. Supe entonces que no nos íbamos a encontrar y decidí encerrarme en el hotel, temiendo que en cualquier momento llegara la policía y derribara la puerta.

Los agentes del gobierno de los Estados Unidos, la vez que me interrogaron, no me ofrecieron ningún tipo de protección. Tampoco yo había revelado nada importante. Luego me dije que quizás eso solo sucedía en las películas, pero recordé los casos de antiguos colaboradores de Chávez que ahora vivían a resguardo en el estado de Florida, dedicados al bel canto de las conexiones de la revolución bolivariana con las Farc y el narcotráfico.

Seguí las noticias por Twitter. Vi que la extradición de Humberto Larrazábal alias “el Tigre” a los Estados Unidos era inminente. Un día, incluso, corrió el rumor de que había muerto. Lo imaginé como el personaje de Frankie Pentangeli, inmerso en una tina de agua caliente, desangrado. ¿Habría cantado Humberto? Me costaba creerlo. Poco después, desmintieron el rumor.

Pensé que permanecer tanto tiempo encerrada, sin dejar que entraran a limpiar la habitación, podía llamar la atención. Entonces salí a la calle y dejé que me deslumbrara la belleza de Buenos Aires.

Yo soy fan de Julio Cortázar y de Soda Stereo. Me paseaba por aquellas largas avenidas y por entre los cientos de cafés sintiéndome la Maga. Yo sabía que Rayuela transcurría en París, pero no me importaba. Y en cada muchacho desgarbado, de ojos claros, con ese cabello alborotado como de Principito que tienen todos los argentinos, veía a Gustavo Cerati. El pobre Cerati, que dio su último concierto en esta ciudad maldita que es Caracas, donde es seguro que yo, dentro poco, también caiga.

Recorrí toda la avenida Santa Fe hasta la esquina de Callao, entrando y saliendo de aquel pasillo casi interminable de librerías. Pensé en Humberto, que me había pagado este viaje. Humberto llevaba año y medio pagándome todo, en realidad: la ropa, las idas a la playa, las cirugías, las joyas. Pero quiero decir que además de pagarme el viaje, Humberto había aceptado encontrarse conmigo para pasar unos días juntos. A pesar de que siempre estaba tan ocupado. El pres...

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Rodrigo Blanco Calderón

Actualmente realiza estudios de doctorales de lingüística y literatura en la Universidad de París XIII. En 2016 recibió el Premio Rive Gauche à Paris al libro extranjero por su primera novela The Night.

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