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Reproducimos la siguiente carta abierta de Eduardo Márceles Daconte sobre algunos episodios que son demasiado comunes en nuestro país.

 
A propósito de la polémica en torno a la contribución de la Cámara de Comercio de Barranquilla a las actividades culturales de la ciudad, quiero dejar constancia de un hecho que me parece elocuente de la actitud un tanto mezquina que se le atribuye a esta institución pública. El año pasado me contactó la señora Juanita Abello, funcionaria de la Cámara, para que sirviera de jurado en el Salón de Artistas Costeños que patrocina esa entidad. Yo acepté con sumo gusto, puesto que me parece importante reconocer los valores artísticos de nuestra región.
 
Pocos días antes del evento, me atreví a preguntar por los honorarios destinados a los jurados. Cuál no sería mi sorpresa cuando dicha funcionaria me dijo —la percibí un tanto avergonzada por el tono de su voz— que para los jurados no había ninguna remuneración. Por supuesto que rehusé trabajar en esa delicada misión de seleccionar a los ganadores de dicha convocatoria. Regresando de Estados Unidos, país donde se reconoce el trabajo intelectual tanto como el manual y donde jamás se solicita un trabajo de esta naturaleza sin ofrecer un pago, me pareció ofensiva la negativa.
 
A mí me parece que es imperativo que las instituciones públicas o privadas reconozcan que el trabajo intelectual, cultural, artístico, tiene un valor que es necesario retribuir con un honorario, por simbólico que sea. Así como se reconoce el trabajo en cualquier profesión, creo que ha llegado la hora de que todos los trabajadores de la cultura se abstengan de trabajar gratis, por cuanto es una afrenta, un desconocimiento, a esa persona que ha pasado largas jornadas de estudio e investigación, acumulando una valiosa experiencia, para que luego venga a ser explotada por cualquier institución, por meritoria que sea su contribución a impulsar la cultura artística en nuestra región caribeña.
 
A causa de mi negativa a servir de jurado sin ninguna compensación, se improvisó un jurado de última hora que llegó de Cartagena y a quien imagino se le pagaron el pasaje, el hotel, las comidas, viáticos, etc., los mismos que le negaron a un jurado local que se atrevió a exigir este reconocimiento. Yo espero que mi protesta del año pasa...

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