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El Malpensante

Ficción

La casa bajo la casa

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© Ilustración de Paula Niño

 

El señor dufour ha muerto y su muerte nos obliga a tomar decisiones. Que no hayamos visto su cuerpo no cambia las cosas. Al contrario, evita un golpe para la moral del grupo ahora que tendremos que arreglárnoslas solos. No ha sido una sorpresa. Lo habíamos notado débil, lo que era apenas natural para su edad, y alguna vez hablamos de lo difícil que sería cuidarlo si llegara a enfermarse. También es posible que los boches lo hayan atrapado. Dufour había aceptado protegernos desde el principio y no iba a delatarnos ahora, pero Lellouche dice que ningún ser humano tiene la imaginación tan desarrollada como un torturador. Dufour nos había hablado de perros y de una plataforma donde el detenido tenía que estar de pie durante horas sin moverse para evitar tocar unos cables electrizados. Por intermedio de él hemos sabido del mundo desde que los boches prohibieron los periódicos en francés. Conocer cómo iba avanzando la guerra y si algún día alguien la iba a ganar era para mí la necesidad fundamental; para el resto del grupo la necesidad elemental era la comida. En eso dependíamos del señor Dufour, que también sacaba a los que se iban muriendo. Ocho hasta ahora. El último fue Weizmann. Los medicamentos que el señor Dufour trajo de una farmacia donde creyeron la historia de que él era el enfermo no bastaron para detenerle el vómito con sangre y los dolores de estómago.

Ahora que el señor Dufour ha muerto, al menos uno de nosotros va a tener que aprender a mentir y con la primera mentira tendrá que conseguir comida para siete personas.

Lellouche:

Ahora que Dufour no va a volver, tendremos que salir. Salir significa caminar escondiéndose de las patrullas alemanas. Si tenemos suerte, la caminata será de un par de calles. Si no, de algunos kilómetros antes de que haya que robar, conseguir un arma y abrir fuego para seguir avanzando. Hace unos años, cuando éramos más jóvenes y más fuertes y sobre todo cuando éramos más, esa marcha habría sido el comienzo del viaje para llegar a un lugar seguro. Sabíamos que de nuestro pueblo ya no hablaba nadie, pero a los gitanos les hab&iacut...

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