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El Malpensante

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Una Madame a la paisa

Conversación sobre Marta Pintuco

La discreta figura de la cocotte más famosa de Medellín a mediados del siglo xx es aún hoy un misterio por resolver. En este cruce de correos, chismes, anécdotas y llamadas, varios amigos de vieja data tejen a oídas un perfil coral de Marta Teresa Pineda, “la Doña” del Valle de Aburrá.  

© Ilustración de Marcianita Barona

 

Nadie se atrevería a rotularla de prostituta pese a que regentó casas de citas en el Medellín bohemio de los años cuarenta a sesenta. No tenía clientes ni amantes, sino amigos. Con ellos hablaba de cultura, nada de sexo. Sus íntimos, unos cargan gladiolos y otros pocos siguen en circulación, la recuerdan como una mujer exquisita, con arrestos de promotora o benefactora cultural, nada que ver con el antiguo y arduo oficio.

Marta Teresa Pineda, su nombre de pila; Marta Pintuco, su razón social de combate, yarumaleña modelo 1921, practicaba la obra de misericordia número quince: la de ayudarles a perder la virginidad a decenas de varones domados del gajo de arriba y del de abajo que, de otra forma, sin la complicidad de sus pupilas, habrían llegado vírgenes al “martirmonio”. 

“Los muchachos de antes que no usaban gomina” no se atrevían a pedírselo a sus novias. Claro, sabían que estas tampoco les habrían dado ni la hora de la semana pasada. Temían quedar embarazadas con un beso o bailando un bolero. La ingenuidad estaba a la orden del día.

Simplemente, Marta, para su entorno, ha sido una leyenda en el arte amatorio, como las cocottes de los tiempos de Proust, o de Blanca Barón que atendía en sus casas “para amores de afán” de Bogotá los apuros eróticos de figuras como el presidente Guillermo León Valencia.

Muchos juran que está viva, otros que hace tiempos agarró el sombrero y se volvió eternidad. Que tenía sus prostíbulos en Lovaina, que no, que estaban en Prado, que más arriba, que más abajo, que en Palacé con Barranquilla.

Personajes como sus amigos el maestro santarrosano Bernardino Hoyos y el poeta envigadeño Mario Rivero le dedicaron generoso espacio en la emisora cultural de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá para evocar su legado. El pintor Fernando Botero inmortalizó una de sus casas con gato y todo. Del poeta Luis Carlos González, el Luis Carlos López de Pereira, se dice que compuso un bambuco en su honor, aunque existen dudas sobre la mujer a quien realmente está dedicado. Incluso hay quienes ven el embrión de Marta en Helena Restrepo, la heroína d...

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(Montebello, Antioquia, 1945). Actualmente es columnista de "El Tiempo".

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