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El Malpensante

Ficción

Un hospital en Copenhague

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© Ilustración deSantiago Guevara

Esa tarde habíamos alquilado dos bicicletas y recorrimos los sinuosos senderos del parque Amager Fælled. Atravesamos una colina y un llano de juncos y más adelante desembocamos en un inmenso campo de golf estropeado por la lluvia y el monte. En el ocaso recogimos pelotas de golf que encontrábamos en los matorrales y que luego lanzábamos tan lejos como podíamos, en dirección a los banderines que indicaban los hoyos, unas veces tapados por el lodo y otras convertidos en madrigueras de animales invisibles. El parque en general no era más que un vasto bosque en medio de Copenhague, sin alumbrado público y cortado por un puente bajo el cual pasaba un tren eléctrico.

El profundo abandono en que se encontraba aquel lugar invitaba a toda clase de actividades impunes. Entre los fresnos y a pesar del viento glacial, le había abierto la blusa a Carol y besé sus pechos. Acto seguido ella me dio una mamada paciente y tierna que devendría en un largo altercado debido a que me corrí en su ropa. Decidimos hacer el camino de regreso demasiado tarde, cuando había oscurecido. No demoramos en extraviarnos y discutir a los gritos cuál era el camino de salida. En un momento de impaciencia Carol perdió el control de la bicicleta, resbaló en la grava y rodó por el borde del camino hasta parar en una cuneta cubierta por la hojarasca. Intenté ayudarla a incorporarse sujetándola de la mano, pero entonces me rechazó y dio un grito que hizo levantar el vuelo de las aves. En la penumbra me explicó que no podía mover el dedo medio de la mano derecha, aunque se las arregló para volver a maniobrar la bicicleta. Casi media hora después logramos encontrar la autopista por la que habíamos entrado al parque.

Más tarde esa noche, de vuelta en el hotel, a Carol le costaba conciliar el sueño por el dolor que le producía el dedo y optamos por ir a un hospital. La recepcionista del hotel nos indicó a dónde ir y al ver la mano inflamada de Carol tuvo incluso la amabilidad de pedir un taxi por cuenta del establecimiento. Cuando llegamos a la sala de emergencias registraron sus datos en el sistema y ordenaron una radiografía para determinar la magnitud del daño. Al cabo de un rato un médico de rasgos árabes y dentadura cariada nos condujo a una habitación pequeñ...

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Orlando Echeverri Benedetti

Escritor y periodista colombiano. Trabajó para El Universal y ha publicado en reconocidos medios. En 2014 ganó el Concurso Nacional de Novela que otorga Idartes con la obra Sin freno por la senda equivocada.

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