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El Malpensante

Iceberg

Veinte Años

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A riesgo de contradecir la famosa letra de “Volver”, el tango de Gardel y Le Pera, veinte años es mucho y en el caso de El Malpensante han servido para que esta revista pasara de ser una aventura alegre a convertirse en una institución. Las aventuras dejan marcas, recuerdos y nostalgias, pero pueden desvanecerse, en tanto que las instituciones sirven de cimiento para la vida. Las instituciones son justamente lo que permanece mientras el mundo gira destruyendo lo accesorio, lo insustancial, lo aleatorio.

Nacimos en 1996, época mala si las hubo en la historia de Colombia. El país forcejeaba entonces con el agudo desprestigio de sus políticos y con las violencias de variado cuño que se sucedían por oleadas. Nos dijimos que en la medida en que íbamos a permanecer aquí como tantos millones de personas, valía la pena olvidar por un rato las mataduras que salían a diario en los noticieros para mostrar lo que había más allá o más acá de la tragedia cotidiana. Vivir en un país turbulento es difícil, pero al mismo tiempo encuentra uno multitud de historias que merecen ser contadas, cantadas, pintadas, ilustradas, fotografiadas y exploradas.

En ese entonces quisimos ser lo que hoy seguimos siendo: una ventana cosmopolita a la otra cara de la realidad, al mundo de las artes, en particular al mundo de la literatura, entendida no como el reino autorreferencial de los narradores de ficción, los poetas y los ensayistas, sino como aquel territorio en el que las palabras cobran vigencia porque hablan con elocuencia y valentía de lo que importa. Una vez incorporamos la crónica y el periodismo narrativo a la receta, entendimos que el que veíamos no era otro mundo, sino que en últimas era el mismo mundo que salía a diario en el resto de los medios cansados, solo que verlo desde nuestra óptica lo volvía diferente. A veces la óptica lo es todo, pues lo que desde un lugar se ve pedestre, repetitivo, violento y turbio, desde otro se ve inquietante, poético y preñado de posibilidades.

Una revista no puede modificar la realidad que la rodea. Lo que sí puede hacer es iluminar lo oculto, rescatar personajes admirables, hablar de valores e ideas trascendentes, explorar lo promisorio, desmitificar la fatalidad. Ahora ya no estamos tan lejos del país en el que queremos vivir, así un traspiés reciente nos haya enviado temporalmente de regreso a la incertidumbre por la vía de la mentira. Esta encrucijada trascendental nos pilla cumpliendo veinte años. Pues bien, esperamos cumplir veinte m&aacu...

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Andrés Hoyos

Es columnista de El Espectador y fundador de la revista El Malpensante.

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